En la vida o en la mesa, las cosas como son: ¡Cuántas cosas podemos pensar equivocadamente! Para que eso no suceda tan a menudo cuando se trata de vinos, te contamos algunas mentiras y muchas verdades acerca del vino blanco. Para que puedas levantar la copa y beber con tranquilidad.

  1. El vino blanco no está necesariamente elaborado con uvas blancas. Es el único que, de hecho, se puede elaborar con cualquier tipo de uva, como es el caso de los “blanc de blanc”  y los “blanc de noirs”, que contienen uvas negras.
  1. No, no tiene por qué ser más suave. Los blancos son más ligeros por la maceración, pero si la variedad de uva es potente, el cuerpo puede tener tanta presencia como un tinto.
  1. Añadas. Estamos muy equivocados si pensamos que un blanco debe ser sí o sí joven, ya que pueden encontrarse muchas buenas etiquetas de crianza, reserva o más de 10 años de envejecimiento en botella.
  1. No es solo un vino para acompañar el pescado. Un blanco puede ser un maridaje fabuloso con guisos de ave, patés, sopas y platos de carne, de la misma manera que un tinto puede ser el aliado perfecto de un pescado. Todo es cuestión de saber maridar cada receta con su etiqueta más oportuna. ¿Un ejemplo? Los sauvignon blanc, con una acidez marcada y fresca o los untuosos Rieslings suelen acompañar de fábula casi cualquier preparación con cerdo, carnes grasas y salsas, como suele ser costumbre en la gastronomía de sus regiones de origen (Francia y Alemania). Además, variedades como el pinot gris y verdicchio producen vinos perfectos para servir acompañando platos especiados e incluso picantes.
  1. Maridaje con quesos. Se suele pensar que los tintos son EL maridaje para los quesos. Pero, ¡no es así! Hay blancos que van perfectos con quesos tipo brie o muy tiernos, o incluso con ciertos quesos curados. También los blancos con burbuja maridan bien con los quesos grasos.
  1. Enorme variedad. Dentro de los blancos también hay mucha diferencias en función de la variedad de uva escogida para su elaboración. No es lo mismo un verdejo, ahora tan de moda, que una garnacha blanca, que tiene una estructura muy similar a los tintos.
  1. Tomar siempre fríos. Determinados blancos muy jóvenes y con una elevada acidez pueden servirse fríos, pero es sólo porque sus cualidades son limitadas. En cuanto un blanco gana temperatura, hasta un límite de unos 12º centígrados, asoman unas cualidades aromáticas que por debajo de los 8º pasan desapercibidas.
  1. El vino blanco es bueno para el corazón. Un estudio realizado en la Universidad de Connecticut desveló que beber una o dos copas de vino blanco al día reduce las secuelas que puede dejar un paro cardiaco. También protege el corazón del envejecimiento, manteniendo en buenas condiciones los ventrículos. O sea, que no todos los beneficios son propios únicamente de los tintos.
  1. Poder antioxidante. Se ha comprobado que el vino blanco contiene una cantidad de antioxidantes similar a la que se encuentra en el aceite de oliva o el vino tinto.
  1. ¿Adiós resaca? las bebidas alcohólicas oscuras contienen más congéneres, componentes biológicamente activos que se cree que son más favorables a las resacas. El vino blanco tiene muchos menos que el tinto (y que el ron, el whisky y el coñac).

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Sobre nosotros.

Una periodista francesa ‘expatriée a Barcelona’ que colabora con medios de ambos lados del Pirineo.