Hace más de treinta años la familia Torres inició el proyecto de recuperación de variedades ancestrales que se creían extinguidas a causa de la filoxera. Más de cincuenta variedades recuperadas del olvido, de las que tan solo cinco ofrecen el potencial enológico que exigen los estándares de alta calidad de la bodega del Penedès.

Un cambio de paradigma

La respuesta ante un mundo globalizado va irremisiblemente ligada a la búsqueda de la propia identidad. El mundo del vino no es una excepción y para entender parte de este anhelo en particular debemos mirar hacia atrás y observar que volvemos al punto de partida.

Se da la paradoja que en poco más de cincuenta años el sector ha pasado de importar y cultivar variedades internacionales (cabernet, merlot, syrah, chardonnay…) a buscar la singularidad de cepas autóctonas, variedades rescatadas del olvido que subrayen la identidad y procedencia del vino. Placer de ayer con DNI de hoy.

Muchas de estas variedades recuperadas han dado muestras de un potencial enológico excelente, así como una resistencia natural al progresivo aumento de las temperaturas, la sequía o diferentes enfermedades de la vid.

Las Cinco de Enofusión

Bodegas Torres ha elegido el congreso vinícola Enofusión, celebrado el pasado mes de enero en Madrid, para presentar por primera vez en público los resultados del proyecto de recuperación de variedades ancestrales, un proyecto a medio camino entre la arqueología y la viticultura, que contribuye a recuperar el vastísimo patrimonio vinícola catalán.

A continuación, se describen los vinos experimentales que Torres ha elaborado a partir de las cinco variedades ancestrales presentadas:

  • Forcada 2016

Variedad blanca cultivada en el Alt Penedès, en una finca de suelos arcillosos situada a 450 metros de altura, lejos de la influencia marítima. Es una variedad de ciclo largo, muy vigorosa y productiva. Sorprende su intensidad aromática y frescura. Podría describirse como típicamente mediterránea, especialmente en nariz, donde predominan los aromas a hierbas mediterráneas, flor blanca y sutiles notas cítricas. En boca es vivo y muy expresivo.

  • Pirene 2016

Variedad tinta plantada en la finca que la familia Torres posee en el pre Pirineo catalán, ubicada a 950 metros de altura. Es una variedad con un alto poder colorante y elevada presencia de taninos. En nariz manda la fruta roja, que somete a notas minerales y especiadas. Sin embargo, sorprende elegante en boca por su textura de satén y delgadez.

  • Gonfaus 2016

Variedad tinta plantada en la finca denominada “del Purgatori”, entre Juneda y Borges Blanques, en Costers del Segre, donde el clima es extremadamente seco y las oscilaciones térmicas entre el día y la noche son muy acusadas.

Se trata de una variedad poco productiva y resistente a la sequía. Sus vinos visten de color cereza picota con ribetes violáceos. Nariz de aromas complejos e intensos dominados por la fruta madura y hierbas mediterráneas (romero y tomillo), muestra recuerdos ligeramente especiados. De buena acidez, en boca afloran sus taninos maduros y dulces.

  • Moneu 2015

Variedad tinta que se cultiva también en la finca “del Purgatori”, ya que como la moneu,  se ha adaptado muy bien a las altas temperaturas y resiste la sequía.

De color cereza picota profundo, sus vinos desprenden un intenso aroma de fruta recién cortada, sobre un fondo ligeramente floral y algo lácteo. Resultan golosos en boca, con una marcada acidez, buena concentración, taninos equilibrados y un postgusto largo que arrastra de vuelta la fruta fresca y perfumada.

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  • Querol 2015

Variedad tinta plantada en la finca “Les Muralles”, en la Conca de Barberà. Desde la añada 2009 forma parte del cupaje de Grans Muralles, uno de los vinos más emblemáticos de la familia Torres.

Es una de las pocas variedades conocidas que es del todo femenina. Su flor no es hermafrodita, como ocurre en la mayoría de las cepas viníferas, sino femenina y esta característica afecta el tamaño de sus bayas, muy irregular. También hace que sea una variedad muy poco productiva. Es más tánica que las anteriores, con nervio y muy dominante, pero como el resto de variedades, es extremadamente aromática y presenta muy buena acidez.

Los vinos de querol son intensos y frutales en su juventud y presentan notas de reducción, laurel y fruta confitada con tiempo de reducción en botella. En boca resultan concentrados, intensos, amplios y con mucho nervio.

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Nos debemos una suerte de reconciliación con el pasado para comprender nuestro presente. Una obligada mirada introspectiva, una reafirmación de nuestro ADN. Porque, después de todo, el futuro era ayer.

 

 

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