Con la temporada de otoño, llegan las setas, las castañas, los boniatos… Ingredientes que tiñen de colores marronosos y ocres nuestros platos. ¿Con qué vinos acompañarlos? Aquí te damos tres sugerencias para tres productos.

Calabazas

Otoño también es naranja, no solo marrón. Y para color naranja, el de la calabaza, que tanto protagonismo ha adquirido estos últimos años a raíz de una fiesta importada como es Halloween. En cualquier caso, se trata de un producto muy versátil, con un sabor sutil y ligeramente dulce que funciona especialmente bien con vinos blancos, aunque sin descartar rosados y espumosos. Para una crema de calabaza, plato habitual en estas fechas, nuestra elección en este caso es Camino de Magarín (DO Rueda), de color dorado pálido y brillante, con aromas florales y frutales (piña, confitura de limón), y que en boca se presenta sedoso y con cuerpo.

Níscalos a la brasa

La variedad de setas hace que casi haya un vino para cada tipo de hongo, y casi todas las combinaciones resultan de lo más agradecidas porque son dos elementos que se entienden a la perfección en la mesa si el maridaje es acertado. En este post te proponemos una receta fácil con una seta popular: los níscalos salteados. Un tinto de intensidad media, preferiblemente joven y con elaborado con merlot, pinot noir, cabernet sauvignon o garnacha le va que ni pintado al níscalo, que destaca por su aroma a piel de zanahoria, a hoja de pino y a bosque húmedo. Nuestra elección: el mallorquín Albaflor Tinto 2015 (DO Binissalem). Un vino joven elaborado con cabernet sauvignon, mantonegro (uva tinta de Mallorca) y merlot que es fresco, afrutado (mora), floral (violeta) y ligero (12 grados).

Castañas

¿Qué decir de las castañas? ¡Son el otoño en la boca! Es oler el aroma que desprenden recién asadas y querer un puñado… o dos. Pero también crudas. Para acompañarlas de este modo, os recomendamos vinos tipo generosos andaluces, muy persistentes en la boca. Aunque tampoco le va nada mal algo dulce y suave como el Ceretto Moscato d’Asti. Elaborado con moscato bianco y moscatel, igual puede ir con las castañas que con pastas dulces y almendras. Tiene un delicado carbónico y una textura untuosa que deja un sabor final afrutado. Una golosina para el paladar y para la vista porque el diseño de la botella es de un minimalismo que da gusto conservarla una vez bebida.

 

 

 

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