Las pasarelas internacionales acaban de decir sí a uno de los sets más discutidos de la historia de la moda. Sí, las sandalias con calcetines se perfilan como la tendencia que va a imponerse el próximo verano, tanto en hombres como en mujeres y en todas sus variantes: desde los calcetinazos de deporte con la chancla tipo Birkenstock a las mini medias transparentes y delicadas, tobilleras, incluso con encaje, a combinar con un zapato de tacón. Las pasarelas han dicho sí al uniforme guiri por excelencia y no nos queda más que rendirnos a sus encantos. ¿O es que pasar un verano sin heridas en los pies puede pagarse con dinero?

 

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¿Cómo empezó todo? Al parecer, fue en la Semana de la Moda de Milán de septiembre de 2016 cuando Gucci hizo arder las redes con su sandalia-bota que cosechó fervientes amores, pero también odio a destajo. Su sandalia de charol rojo, con taconazo de aguja, incrustada en una bota de vinilo transparente XXL, causó furor entre todos aquellos que aman las sandalias y se quejan de que sean una pieza reservada únicamente a unos pocos meses del año. Y se vendió, al parecer bastante bien, en diversos establecimientos de la firma a un precio de unos 1700 €.

La popularidad de esta combinación tan cómoda como discutida no ha hecho sino incrementarse –de momento en las pasarelas, aunque en las grandes capitales ya encontramos en las calles algunos ejemplos de esta tendencia. De hecho, la reciente Semana de la Moda de París no ha sido sino la confirmación de que el binomio sandalia-calcetín no hace más que crecer, y que las grandes firmas, incluso las de inspiración más clásica, también se han dejado seducir.

 

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Desde los calcetines parcialmente transparentes en el empeine de Louis Vuitton, a combinar con chanclas de tiras, pantalones de neopreno y elegantes camisas de rayas. O los calcetines combinados con sandalias de cuero y pantalones cortos que llevó a las pasarelas Dries Van Notten, por no hablar de la colección unisex creada por Pigalle en colaboración con Nike, en la cual las chanclas deportivas combinaban también con calcetines de diferentes texturas y estampados.

Si lo pensamos bien y olvidamos los prejuicios que asocian la sandalia con calcetín a esos turistas que se pasean por las grandes ciudades vestidos de aventura y quemados por el sol, nos daremos cuenta de que esta combinación solo plantea ventajas. “Soy asidua desde hace años a las sandalias con calcetín. De hecho, soy poco de botas y, hasta que no llega el frío, llevo sandalias con calcetín o incluso medias y leotardos”, explica Anna Tomàs, profesora de moda y estilismo del Ia Escola Superior de Disseny (IED) de Barcelona.

“Obviamente no sirve todo calcetín, ni toda media… Es bonito jugar con el contraste de color, la piel y la gasa, como los calcetines con incrustaciones o borlas (como los venden en American Apparel). La clave es el contraste y la medida… nunca llevaría sandalias con calcetines altos y una falda corta. Es una tendencia que aterrizó muy fuerte en Escandinavia (Swedish Hasbeens la promueve mucho) y ha ido siendo cada vez más mainstream”, asegura Tomàs, quien insiste en que debemos olvidar la clásica imagen mental de la chancla con calcetín –“que incluso ahora es tendencia”– y pensar en las múltiples combinaciones que ofrecen ambas prendas en todas sus variantes.

Por su parte, la directora del portal de moda y estilo de vida Good2be, Ariana Díaz, afirma que “a priori puede quedar mono si se hace bien y uno tiene gusto, pero a nivel práctico me parece un despropósito, además de una medida poco higiénica. Desde siempre los calcetines han sido una prenda para que no te roce el calzado, así que esta moda tiene poco sentido o ninguno”. Nada que ver con la opinión de Tomàs: “Para mí, con pies huesudos, el calcetín me ayuda mucho a evitar heridas o ampollas. ¿Qué hay quien te mira? Lo hacían igual y siguen haciéndolo con las cangrejeras por la calle, que, por cierto, transparentes y con calcetín mono también me encantan”.

Algunas celebrities, de hecho, se alinean con Tomàs y han dicho sí a la sandalia con calcetín sin temor a que el mundo las señale. Primero fue Rihanna, pero después llegó la bomba: ¿algo que objetar al modelazo que se gastó la modelo Kendall Jenner en el pasado Festival de Cannes?

 

 

 

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