Un nuevo trabajo, cumpleaños, bodas, cenas con amigos… Muchos son los motivos por los que brindamos. Pero, ¿de dónde viene esta curiosa tradición que consiste en chocar nuestras copas mientras nos miramos a los ojos y pronunciamos “tchin-tchin”?

Para el común de los mortales, un aperitivo no puede empezar sin un brindis. Esta peculiar costumbre se remonta a la Edad Media, época en la que envenenar a sus rivales para finiquitarlos era algo muy común. Para limitar los riesgos, los grandes señores, cuando se reunían, tenían el hábito de chocar sus copas repetidas veces entre sí con la suficiente fuerza para que un poco de líquido de cada copa fuera a parar a la de los demás.

A continuación, cada uno debía beber un primer sorbo mirando al otro en los ojos, se comprobaba así que no hubiera ninguna ‘mala intención’ prevista ya que todos los presentes corrían la misma suerte. Una especie de asunto de confianza. Si hoy –por suerte- echarse matarratas entre enemigos ya no es moneda corriente, la tradición sigue perdurando. Eso sí, como hay confianza, solo chocamos las copas una vez y con suavidad.

En paralelo, sin saber demasiado el por qué, “tchin-tchin” se pronuncia a menudo cuando se realiza un brindis. Según otra historia, esta expresión simboliza el ruido de los vasos que chocan. Otros dirán que esta fórmula proviene de China, ya que en otro siglo, “qing qing” (que significa “por favor”) se usaba para invitar a alguien a beber. Serían entonces los soldados que, regresando de una campaña en China, habrían introducido esta expresión en Occidente.

Sin embargo, otro estudio idiomático asegura que “tchin-tchin” vendría de la expresión “tsing-tsing”, que significa “salud” en pidgin, un idioma local de la región de Cantón, China.

Sea como sea, nosotros os deseamos una muy feliz Navidad, llena de buenos deseos y muchos motivos (o no) por los que brindar.

 

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Sobre nosotros.

Una periodista francesa ‘expatriée a Barcelona’ que colabora con medios de ambos lados del Pirineo.