Sexo, vino y mucho Rock and Roll

..Y todo ello en torno al vino. Parece que el alma mater de nuestra civilización, cuna de la democracia, antecesora del calimotxo y las bravas, oh Roma imperial, vestía en sus más bajas esencias de un libertinaje extremo que ya quisiéramos para nos en nuestros días, y todo ello en nombre de los dioses. Cosas…

“Están locos estos romanos” que decía Obelix…. o quizás no tanto. Y es que nuestros insignes próceres se las ingeniaron para elevar a la categoría de rito religioso un suceso de depravaciones sexuales (a ojos del s.XXI) en honor del dios Baco, o Aquaman que diría el bueno de Homer Simpson.

Verdaderos hooligans del hedonismo, militantes de la curda y el orgasmo, los romanos idearon un calendario que les garantizaba, como poco, un par de fiestas al mes que saciara su sed, liberada de toda influencia o prejuicio social. Bukowsky at his best.

Y es que lo políticamente incorrecto se reservaba al filo de las dagas y espadas, las traiciones interesadas en callejones oscuros aledaños al senado y los palcos de los anfiteatros. Política, vamos.

Bacanalia, Liberalia, Dionisia y/u Orgía: Llámalo X

Si acudimos a la etimología no queda lugar a dudas: las tres primeras hacen referencia a las diferentes denominaciones del dios Baco, Liber pater o Dinosio; mientras que orgía proviene del latín orge (ira, furia). Sea como fuere, compartían un mismo objetivo:

Una liberación de la máscara, una exaltación del yo, una suerte de purga animal y del alma envuelta en un halo de celebración bien provisto de sexo y vino.

Las denominadas liberialias se celebraban el siete de marzo. En ese día y para la ocasión, las sacerdotisas de Baco aguardaban sentadas a los ciudadanos asistentes con guirnaldas de yedra a modo de coronas, pechos al aire, ofreciendo liba, elaborada a base de harina y miel. En ellas asuntos políticos, comerciales y genitales se trataban por igual, o a la par…

Las bacanalias o Dionisas,  más recurrentes, se celebraban una vez al mes, y como narra en su libro Antonio Rey, El Vino y su Mundo, Ed. Eneida -(todo un compendio de antropología del vino)- “excedían a todas los cosas infames”… Que las imágenes las ponga cada cual.

Se dice que los actos perpetrados eran desagradables incluso a ojos del mismo actor, razón por la que las bacanalias se celebraban al abrigo de la noche. En honor a Baco, por el hecho haber inventado el vino, hombres y mujeres, adultos y niños se perdían en brazos del mosto fermentado para liberarse de lo ciudadano y acercarse a lo humano, sexo mediante, haciendo de las quedadas swingers una fiesta para párvulos.

Antonio Rey lo escribe así:

“Eran tantas las abominaciones brutales que se cometían, que corrompieron con ellas los griegos, muy gran parte del linaje humano”

Pues eso, la viga en el ojo ajeno y culpa a otros que algo queda; la herencia recibida y tal.

Todo acaba

Supuso el fin de dichas celebraciones un mero y vulgar chivatazo. Se dice que una criada, una matrona llamada Hispala o Española (vaya…) que había acudido a una de estas orgías, quedó tan horrorizada que convenció a su amante (hipócritas los ha habido siempre) que aprovechara su relación con el cónsul de turno, un tal Postumio, para que propusiera al senado la prohibición, bajo pena de muerte, de este tipo de celebraciones… y la fiesta se acabó.

De este modo quedó relegada a la intimidad toda práctica ociosa que no representara los mejores valores del imperio, enterrando en las sombras del cinismo, la hipocresía y las alcobas propias, toda suerte de liberación moral. In vino veritas…

En fin, sírvame más vino y le cuento más.

 

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Sobre nosotros.

Editor de Contenidos y Social Media Strategist . Guionista de formación, escritor de vocación y 'wine lover' por convicción. Soñador frecuente, viajero ocasional. No le gusta bailar.