“P’arriba, p’abajo, al centro y p’adentro”. Bien, amigas y amigos. Vamos a olvidar aquella relación (post)adolescente con el vino más o menos larga que todos tuvimos. Porque todos la hemos sufrido en alguna ocasión, y no hay que esconderse. Aunque tampoco la vamos a recordar aquí. Así que puestos a levantar una copa, hagámoslo con cierto glamour. ¿Postureo? Pues un poquito sí, sobre todo si sabes poco de vinos, pero en comparación el “p’arriba, p’abajo…” de antaño te aseguramos que será mucho mejor. A continuación, tres maneras de hacerse el/la divin@ de la muerte con un vinito en la mano. ¡Salud!

  1. Coge la copa por el pie, con el pulgar por arriba y el resto de los dedos por abajo. Y a la mínima que alguien insinúe que eres un poco rarit@ aguantándola así, explícale con una sonrisa de seguridad que no hay que calentar jamás la copa con la mano porque el vino debe servirse a una temperatura idónea para ser disfrutado en su máxima plenitud. Y que no serás tú quien la caliente ‘abrazándola’. Y a continuación, echa un trago mientras miras a ese interlocutor casi tan indocumentado como tú (pero tú has leído este post y él no).  
  2. Menea la copa. Y vuelve a menearla mientras la observas con el ceño fruncido, como tratando de descifrar qué te está diciendo el color de los bordes del vino. Pon un mantel blanco, una servilleta blanca o cualquier cosa blanca detrás para contemplar mejor el color aunque no te diga nada ese rubí o ese casi-marrón. ¿Es joven? ¿Es más viejuno, un gran reserva quizá? Y sigue con el ceño fruncido. Nadie sabrá si dudas sobre el año exacto en que fue recogida la uva o es que no tienes ni vitivinícola idea.
  3. Menea la copa (cuidado, no te vengas muy arriba, viertas el vino y arruines esta sesión de postureo). Y mete la nariz en ella. Y huélela cerrando los ojos. Y busca los frutos rojos, o las flores blancas. Si no lo tienes muy claro, guarda silencio al respecto y echa un trago. Tú has venido aquí a hacer postureo. Y a disfrutar del vino, que para eso no hay que saber, hay que sentir. Una frase que le puedes soltar a cualquiera que veas tan indocumentado como tú.

 

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