Se hacen más fotos que nunca, pero también se venden muchas menos cámaras que hace una década. Los teléfonos móviles se han convertido en esa cámara que siempre está a mano en el bolsillo, con calidad más que suficiente para lo que la mayoría quiere las imágenes: compartirlas en redes sociales y posiblemente olvidarse a los 10 minutos de ellos.

Muchas fotos, pocas cámaras y, sobre todo, apenas unas pocas imágenes que pasan de la pantalla al papel, el que hasta no mucho era su formato natural. La tecnología y los píxeles ha puesto patas arriba la fotografía, del mismo modo que Instagram y sus filtros capaces de convertir casi cualquier fotografía en algo más o menos aparente en cuestión de segundos ha marcado nuevas tendencias estéticas.

Instagaram

Pero frente a todo ello y casi contra cualquier lógica o previsión del mercado hay una categoría que no sólo resiste, sino que en los últimos años ha vivido una segunda juventud: las cámaras instantáneas. Pese a que el cierre de las últimas fábricas de Polaroid, hace casi una década, parecía marcar el fin de este tipo de cámaras un curioso renacer las ha vuelto a convertir en objeto de deseo y, guste o no, en una especie de complemento de moda.

Aunque Polaroid es sinónimo de fotografía instantánea y sus cámaras antiguas siguen siendo las más codiciadas -y caras- lo cierto es que poco queda de aquella compañía, más allá del nombre. Impossible Project se propuso rescatar las fábricas donde se producían las cargas de película para estas cámaras y lo consiguió, aunque ni la calidad convence a todos ni el precio (unos 20 euros por 8 fotos) es para todos los públicos.

Polaroide

Pero el negocio parece funcionar, el mercado de segunda mano de cámaras Polaroid sigue en marcha e incluso esa misma firma ha lanzado recientemente su propia cámara, con una estética entre vintage y futurista que ha creado bastante sensación.

Aunque Polaroid también dispone de una vertiente más moderna –la marca licenciada, en realidad- el diseño poco tiene que ver con la idea que muchos vinculan a esta firma histórica. Son cámaras, eso sí, más económicas y que usan papel instantáneo de Fujifilm o recurren a un curioso sistema de impresión sin tinta, como ocurre con las divertidas Snap y Snap Touch, un curioso híbrido entre cámara digital y cámara instantánea.

Y es que, aunque Polaroid sea el nombre de referencia, en realidad quien ha liderado esta nueva juventud instantánea ha sido Fujifilm y sus cámaras Instax. Ellos nunca abandonaron la producción de cargas de película y, de hecho, a día de hoy sus fábricas no dan abasto. Es, además, un mercado rentable en el que la palabra mágica para el negocio fotográfico sigue vigente: consumibles.

Fujifilm

A su escaparate de cámaras Instax en forma pequeño y panorámico, el año próximo sumarán una nueva en formato cuadrado que, sin duda, aspira a convertirse en el Instagram analógico. Algo que en su momento ya intentó la extraña Socialmatic –Polaroid estaba detrás- pero que fue un sonoro fracaso.

Además de fabricar cámaras tan bonitas como la Instax Mini 90 Neo Classic y suministrar papel para otras compañías, sin duda la noticia que acaba de confirmar que la fotografía está de moda es la entrada de Leica en el negocio.

No es un detalle menor teniendo en cuenta que, con sus altibajos, se trata de  la compañía más clásica y mítica dentro del negocio. ¿Una instantánea de Leica?, se preguntaba todo el mundo cuando se anunció. Pues sí, a unos 280 euros, compatible con papel de Fujifilm y una estética retro bastante atractiva. Hace sólo cinco años algo así habría sido considerado directamente una inocentada.

Leica

Pero a estas alturas ya nadie duda de que entre megapíxeles y móviles con cámaras cada vez más potentes parece seguir habiendo espacio para un tipo de fotografía diferente en la que cada foto es única. Y en la que, por cierto, hay que pensar cada disparo porque cuesta dinero.

 

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Sobre nosotros.

Iker Morán. Periodista especializado en fotografía, tecnología y gastronomía. Autor del blog La Gulateca del diario 20 minutos y colaborador de La Vanguardia, desde hace más de una década prueba y escribe sobre cámaras y otros trastos, primero en Quesabesde y ahora en Photolari.