El mundo se divide en dos tipos de personas: quienes sienten una profunda fascinación por la moda y quienes pronuncian esta palabra con indiferencia y cierta mofa hacia los que siguen las corrientes, como si fuese algo totalmente superficial.

Sin embargo nos olvidamos a menudo de que más allá de hacer referencia a lo que hay que llevar sí o sí, impuesto por el dictamen de la pasarela, la moda ha ejercido de factor social que ha servido a la vez de canal y de escaparate identitario, histórico e incluso político. Sea a modo de reivindicación o bien como simple signo de que un cambio social estaba en curso. Por eso, cuando una exposición se dedica a resaltar esta vertiente, vale la pena ir para tomar conciencia de toda la complejidad que abarca esta disciplina, más allá de un puro impulso consumista.

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Baggy streetstyle.

Precisamente una oportunidad que podréis tener del mes de diciembre al de abril si pisáis París. Tenue correcte exigée! Quand le vêtement fait scandale (¡Vestuario correcto exigido! Cuando la ropa escandaliza, en castellano), que tendrá lugar en el Musée des Arts Décoratifs, es un genial repaso a los escándalos que han presidido los grandes puntos de inflexión en la historia de la moda desde el siglo XIV hasta nuestros días. Con el apoyo de más de 400 prendas y accesorios, retratos, caricaturas y objetos diversos, esta muestra repasa las libertades y las infracciones a los códigos y los valores morales que se han hecho a través de la norma de vestuario. Vestido con vuelo, pantalones de corte femenino, falda para hombres, esmoquin para mujer, minifalda, tejanos holgados… demasiado corto, o demasiado largo, demasiado holgado o demasiado apretado, sea por un motivo u otro, todas estas piezas han quebrantado el orden social establecido y han marcado una ruptura convirtiéndose en un icono de reivindicación social, de cambio de era. Y con ello surgieron duras críticas e incluso prohibiciones.

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Dior, desfile 2000.

La exposición gira en torno a tres temáticas contundentes: la ropa y la regla; ¿es un niño o una niña?; la provocación de los excesos. Todo ello, en una escenografía de la diseñadora Constance Guisset. Un viaje desde la Biblia y sus primeras prohibiciones de vestimenta, sinónimo de pecado según como se lucía, a la actualidad, en la que nos inundan los blogs de moda que aconsejan tal o cual pieza, pasando por las ordenanzas reales con ‘dress code’, las normas de ‘dress code’ según el género (la moda unisexse la debemos a Marlene Dietrich, Gabrielle Chanel, Elsa Schiaparelli, Yves Saint Laurent y Jean Paul Gaultier, por ejemplo) o los programas de ‘relooking’… Todos estos hechos ilustran la permanencia de reglas de vestuario a lo largo de los siglos. Ya sea en la calle, con motivo de celebraciones especiales (bodas, bautizos, duelo…) o en las altas esferas del poder. Siempre normas, y siempre escándalo cuando estas se transgreden. ¿O es que nadie recuerda la polémica que suscitó la idea de quitarse la corbata en el Parlamento español aquel verano de 2011 para reivindicar un ahorro energético?

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Thierry Mugler, 1997.

La muestra finaliza con los “desfiles shock”, aquellos que, de 1980 a 2015, inundaron los medios porque sacudieron las conciencias. Es el caso de las creaciones de Yohji Yamamoto y Rei kawakubo, que dieron un giro a la moda tradicional japonesa a principios de los 80; la colección Highlang Rape (otoño/invierno 1995-1996) de Alexander Mcqueen, que despertó los traumatismos de la historia escocesa; John Galliano, que se inspiró en los sintecho para su línea para Dior en la primavera/verano 2000; o la más reciente línea Sphinx de Rick Owens (primavera/verano 2015), que desvelaba la anatomía masculina. ¿Cómo debemos vestirnos? Quizá éste sea todo el quid de la cuestión tras visitar esta muestra.

 

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Sobre nosotros.

Una periodista francesa ‘expatriée a Barcelona’ que colabora con medios de ambos lados del Pirineo.