El bien y el mal nunca lo han tenido más fácil para mostrarse a calzón quitado. Un contexto geopolítico complejo y perverso es contemporáneo a una tecnología avanzada que no conoce límites a la hora de plasmar en pantalla las más increíbles acrobacias y efectos especiales. Terreno abonado al maniqueísmo.

Las adaptaciones de los grandes clásicos de Marvel y DC Comics, bien sea en cine o series, dibujan una sociedad distópica e idealista, donde los valores no conocen los matices grises. Chicos buenos, chicos malos.

Por supuesto, la Norte América en la que acontecen las hazañas de héroes y villanos encarna los valores blancos y protestantes que parecen haber adoptado la gran mayoría de sociedades occidentales, por lo que en cierto modo los hacemos nuestros. Allá cada cual…

Séries y pelis

Tras la sesentera, ultra hortera, aunque carismática “Batman” con Adam West encarnando al murciélago justiciero; las pantallas vuelven a la carga con mil y una adaptaciones de personajes sacados del imaginario de los magos del cómic.

Tim Burton, en 1989, puso de nuevo el foco en un sub género que parecía no tener sentido tras el [¿fin?] de la guerra fría. Su Batman, humanizado, oscuro y con un retorcido sentido del humor arrasó en taquilla.

Hoy, Superman, su *homónima (*ojo spoiler: y prima) Supergirl; el propio Batman, Iron Man, Thor, Vengadores, Castigador o Flash, entre otros, pululan por salas de cine y plataformas de pago por visión con dispar suerte, huelga decir:

En cuestión de superhéroes: HBO 1 – Netflix 0

Sonoros han sido los dos batacazos de Netflix en su apuesta por el universo del cómic durante el 2017: Vengadores primero y The Punisher después no han encontrado el favor de una audiencia que, sin embargo, parece abrazar con entusiasmo a dos de las apuestas de HBO: Supergirl y Flash, ambas entre las más vistas de la plataforma. No es poco si tenemos en cuenta que la misma cuenta entre sus referencias con Juego de Tronos, Breaking Bad, The Wire, Los Soprano o la más reciente Taboo; para gustos, colores.

Viejos valores, nuevas actitudes

Es fácil domesticar a un argumento y achacar a este hecho a el favor de unos fans, muy fans. Pero más allá de razones sentimentales parece que el éxito de Supergirl y Flash estriba en unas tramas que tientan ocasionalmente a esa suerte de maniqueísmo en el que viven sus protagonistas.

Así, los mayores conflictos y tramas de guión que percibimos como momentos climáticos (de clímax) suelen aparecer vestidos de tentación y/o seducción del lado oscuro hacia los protagonistas. Unos personajes cuyo origen siempre se aleja de sus voluntades. Ellos no lo eligieron.

Aunque la respuesta, posiblemente, sea otra. El público. Así como los antihéroes convertidos en héroes (Batman, Vengadores, etc.) parecen atraer a un público más adulto que premia la dualidad de la personalidad de los personajes; el público joven premia y aplaude el sometimiento del bien sobre el mal, el todo o nada. Y son mayoría.

No obstante hablamos de superhéroes que hablan su idioma, que whatsapean y aparecen en las redes sociales; pese a su intento de permanecer en el anonimato, si bien necesitan su momento de gloria. Personajes que, a pesar de su bien intencionada actitud, son tremendamente egoístas y habitan ese lugar paradigmático del “yo soy porque yo doy”.

Las motivaciones del mal

Ellos sí lo eligieron. Así lo venden. ¿Encarna esta versión del mal a una visión del mismo pelín naif? Es posible. Hablamos de eternos outsiders: talentos ignorados, inteligencias desaprovechadas, maltratados por la urbe y por la vida. En esencia, perdedores con glamour, y nos gustan. Intentaron encajar pero rechazados.

De modo que, ante esta visión del mal, no basta, me repito, con una escala de grises. Los buenos deben ser buenérrimos para no dejar lugar a dudas donde situar ideológicamente y emocionalmente al espectador.

Ergo, ¿corresponden los comics, hoy también, al eterno axioma “no sobresalgas”? Parece que lo diferente sigue sin encajar y es percibido como un peligro para el equilibrio del estatus quo.

Y ante esta evidencia, servidor, va con los malos.

 

 

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