No podemos estar siempre viajanado, está claro, pero siempre podemos imaginar que lo hacemos y trazar una vuelta al mundo gastronómica a través de siete restaurantes de la ciudad que nos van a llevar a recorrer el planeta y disfrutar de su riqueza cultural y culinaria. Con todos vosotros, nuestra particular vuelta al mundo gastro por siete restaurantes de Barcelona. ¿Os venís?

1- De España a Italia. 

Volamos de España a la Italia más ‘cool’ a bordo de una de las mesas del comedor del elegante Little Italy, un restaurante de referencia en el Born que ya se hallaba allí, en pleno epicentro ‘trendy’, cuando este barrio no era ni de lejos el icono de la sofisticación en que se ha convertido en la última década. Fue en 1988 cuando abrió por primera vez sus puertas este local de cocina mediterránea con acento marcadamente italiano, donde todo discurre a ritmo de jazz y es muy fácil imaginarse en su interior a Woody Allen. 

Debe su nombre, y eso no puede ser más que otro punto a su favor, al barrio neoyorquino que fue cuna de grandes nombres del mundo del cine y del arte, de Robert de Niro a Martin Scorsese, y cuyas estrechas calles albergan hoy en día bares, cafés y galerías de arte, que en muchos casos han logrado conservar esa pátina de leyenda que hace de este rincón de Nueva York un lugar del mundo incomparable. Little Italy tiene, pues, esa doble vertiente que nos fascina: en su interior podremos decidir volar a Manhattan o quedarnos en pleno centro de Milán. Vosotros decidís si os apetece cruzar el charco.

Little Italy. Rec, 30.

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2- De Italia a Marruecos.

De la efervescencia del Milán más pijo al corazón de, pongamos por caso, la Marrakech más carismática. Volamos al Poble-Sec para plantarnos en esta deliciosa tetería decorada íntegramente al más puro estilo bereber, donde, además de degustar una carta de tés extensísima, podremos ocupar una de las mesas de su comedor para probar alguna de sus especialidades árabes. Nos sentiremos  por momentos en el fascinante interior de la medina de Marrakech, en las inmediaciones de la hermosa plaza Djem el Fnaa, un lugar siempre mágico que nos invita a visitarlo una y otra vez a lo largo de nuestras vidas.

Recomendamos que pidais uno de sus cuscús (no os excedais con los primeros, pues los platos suelen ser más que generosos, de manera que un cuscús puede ser sin problema plato único), ya sea el vegetal o el de carne y, si os queda algo de hueco, y debéis intentar, por favor, que eso ocurra, acabar el ágape con uno de sus pastelitos de miel, ideales para acompañar un té con menta.

La fíbula. Blai, 44.

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3- De Marruecos a Etiopía. 

Y del norte de África al corazón de un continente que tiene en Etiopía uno de sus máximos exponentes gastronómicos en Barcelona, ciudad en la que hallamos numerosos restaurantes especializados en este tipo de cocina. El Addis Abeba es un referente gracias a una impecable cocina que pretende trasladar a Barcelona las particularidades gastronómicas etíopes, sin concesiones al paladar (ni las costumbres) occidentales. Se puede comer, pues, en el suelo y siempre en unas bandejas a compartir, que pueden ser de diversos tamaños. Se come, además, con las manos, ayudados únicamente por un sabroso pan estilo pita, para que podamos experimentar al máximo las sensaciones de hallarnos en plena África negra. Llegados a este punto, fascinados por la magia de este continente tan cercano como desconocido, nos va a costar seguir volando. Pero es que nos espera Vietnam.

Addis Abeba. Vallespir, 44.

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4- De Etiopía a Vietnam.

Cogemos un vuelo al Sudeste Asiático, una de las zonas gastronómicamente más interesantes del mundo, un dechado de colores, sabores, especias, tubérculos, hierbas, frutas, raíces… Uno de los restaurantes más emblemáticos de la cocina vietnamita en Barcelona lo hallamos en la Plaza Letamendi, y es un local sobrio y bonito que se caracteriza por su cocina tradicional, que va desde tallarines de arroz a algas fritas, pasando por la popular sopa Hanoi, los fantásticos nems (rollitos vietnamitas tan propios de la cocina callejera de las mastodónticas megaurbes, como Saigón) o el musi de gambas, por no hablar de algunos guiños a la cocina china (por ejemplo, su pato Pekín) o tailandesa. La carta es muy extensa y recomendamos pedir platos para compartir.

Hanoi. Pza. Letamendi, 27.

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5-De Vietnam a Camboya.

Son dos países cercanos, cultural y gastronómicamente muy similares, aunque con particularidades históricas determinantes que han marcado el devenir de estos dos estados que podemos casi literalmente visitar sin movernos de Barcelona. Porque ir a Indochine, la casa del maestro Ly Leap, es prácticamente como dar con nuestros huesos en su Camboya natal, un país que el chef tuvo que abandonar cuando era pequeño junto a su hermana, con la que se trasladó a París, dejando allí a su familia en pleno apogeo del régimen de Pol Pot.

Ly Leap vive lejos de Camboya desde que era un niño, lo que no impide (o tal vez sea precisamente por ello) que sus dos restaurantes de Barcelona (Indochine, más clásico, e Indochine Ly Leap, vanguardista e innovador) estén profusamente decorados, con sensiblidad y un gusto exquisito, para emular su país natal. La cocina es una delicia para el paladar, un dechado de sensibilidad y creatividad que convierte a ambos locales en visitas obligadas para cualquiera que desee comer bien en Barcelona.

Indochine. Aribau, 247.

Indochine Ly Leap. Muntaner, 82.

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6- De Camboya a Japón (¿Brasil?)

Y de la Camboya tradicional nos abrochamos el cinturón para desplazarnos al Japón más moderno. ¿O será a Brasil? En realidad ambos países, pues los restaurantes Ikibana de Barcelona son la fusión perfecta entre Japón y Brasil. Estamos hablando de dos hermanos perfectamente avenidos, uno de ellos en el Born, bajo los preciosos arcos del Passeig Picasso, y el otro en el Paral.lel, junto a Tickets, formando parte de esa Milla de Oro gastronómica en que se ha convertido paradójicamente esta zona de Barcelona tradicionalmente popular.

Aquí, el sushi se presenta desacomplejadamente con mango o aguacate, el ceviche convive con el edamame y podemos encontrarnos, incluso, un taco de foie reposando felizmente en el interior de un maki. Fusión, pues, en estado puro, para un restaurante moderno, cosmopolita y sofisticado que bien podría hallarse en Londres o Nueva York.

Ikibana. Passeig Picasso, 32.

Ikibana Paral·lel. Av. Paral·lel, 148.

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7- De Japón a Argentina

Argentina siempre es garantía de buen comer, de ingredientes que son para nosotros viejos amigos pero que, por algún motivo, nadie como los argentinos para sacar lo mejor de ellos. Reservamos mesa en este pequeño y coqueto bistró de la Avinguda Sarrià para dejarnos seducir por una buena carne argentina, desde su asado a su bife de chorizo, su entraña, su colita de cuadril o, si no nos apetece carne roja, un buen pollo de payés, por ejemplo.

Es interesante acercarse a su oferta gastronómica a través de su menú degustación, que nos permitirá probar sus empanadas, sus chorizos criollos y una selección de carnes a la brasa. Acabaremos con un panqueque con dulce de leche, claro, y volaremos de regreso a casa, sin haber salido de Barcelona, con la sensación de que somos un poco más sabios, un poco más libres, más felices y, probablemente, también un poco más gordos. Pero y qué.

Argentina Vinya Rosa. Av. Sarriá, 17.

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Sobre nosotros.

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