El festival literario Kosmopolis vuelve un año más a Barcelona. Con motivo de su inauguración, el próximo 22 de marzo, hemos entrevistado a Juan Insua, su director, para que nos desvele las novedades de este nuevo y completo programa.

 

Juan Insua, Director de Kosmopolis

Juan Insua, Director de Kosmopolis

 

El lema de Kosmopolis 17 es Cuando todo cambia. ¿Por qué lo habéis escogido? ¿Qué destacarías como novedad de esta edición?

Fundamentalmente, lo que queríamos reflejar con este lema es la magnitud de todos los cambios a los que estamos asistiendo en estos momentos, políticos, sociales, etc. Pero sobre todo, centrarnos en uno de los cambios más significativos, la espada de Damocles que todos tenemos sobre nuestras cabezas, el cambio climático.

En esta edición analizaremos cómo asumirlo desde la cultura y la literatura a través de dos vertientes. Por una parte, los cambios de sensibilidad necesarios para enfrentar el cambio climático, lo que implica una voluntad de entender el resto de las inteligencias no humanas que pueblan el planeta, como las plantas y los animales. En este aspecto contaremos con la participación de Hope Jahre, Stefano Mancuso, Carl Safina y Kim Stanley Robinson, además de la celebración del campeonato europeo de Slam. La otra gran vertiente de este cambio de sensibilidad pasa por la reivindicación de la creatividad y sensibilidad femenina de la mano de la sección Constelaciones femeninas.

¿Y por qué esta temática de festival justo ahora?

Bueno, precisamente Kosmopolis es un festival que cambia constantemente. El concepto de literatura amplificada es una muestra de cómo nos afecta este elemento. La velocidad del cambio es una constante muy presente a día de hoy y, contra lo que muchos pueden pensar, no solo es una cuestión del sector tecnológico. En una de las conferencias de apertura invitamos a Timothy Morton, quien asegura que lo que verdaderamente está cambiando es la noción de cambio.

Tras tantas ediciones, ¿cuáles consideras que son los grandes atractivos de la celebración de este año?

Kosmopolis es para vivirlo, disfrutar, para descubrir cosas, participar activamente en todos los actos. No hay algo específico. Obviamente la gente puede pensar que el diálogo con Werner Herzog o el recital poético de PJ Harvey son los momentos culminantes. Pero lo realmente interesante es toda la experiencia de Kosmopolis.

Hay que asistir porque es una cuestión de lecciones, se puede disfrutar a través de los temas, de los formatos; hay gran cantidad de actividades gratuitas en el Bookcamp o el Canal Alfa, que relacionan imagen y literatura con tres estrenos. Contamos incluso con actividades familiares para introducir a los niños en el mundo literario, con películas de animación y sesiones sobre los mecanismos de la lectura previos a la lectura en niños que aún no saben leer.

En definitiva, Kosmopolis congrega a diferentes generaciones, todas ellas son distintas entre sí. ¿Cuáles crees que son los géneros más afines a las más nuevas?

Las generaciones actuales acceden a la literatura a través de series, películas, cómics o determinados libros. Tienen una mayor sensibilidad por dispositivos digitales y la realidad virtual, pero en el fondo detrás de todos estos formatos siempre hay poesía, relato, una palabra, un guión, un diseño que tiene que ver con la estructura del lenguaje.

Kosmopolis siempre ha pensado en las nuevas generaciones, algo que de nuevo está presente en el propio concepto del festival, la literatura amplificada, pensando que la literatura tiene muchas puertas de entrada. Es por esta variedad de accesos que los jóvenes vienen a Kosmopolis. Esto me recuerda al título de uno de los libros de Harold Bloom, ‘Relatos y poemas para niños extremadamente inteligentes de todas las edades’, de aquí diría que Kosmopolis es un festival sensible y empático para todas las edades.

Ya que hablamos de literatura y este es un portal que habla mucho de vinos, aprovechamos para que nos recomiendes libros con temática enológica.

Me viene a la mente el último libro de Ian McEwan, Cáscara de Nuez (Anagrama, 2017), que tiene como narrador al feto de una mujer embarazada. En este libro hay una delectación por presentar tipos de vinos muy específicos, de unas determinadas regiones, como harían los buenos enólogos. El feto cata los vinos que su madre bebe y es capaz de diferenciarlos.

Vino y gastronomía en general están muy vinculados a la literatura. Ya en grandes clásicos como Ulises podemos encontrar esta relación. También me vienen a la mente el vino blanco Châteauneuf-du-Pape que bebía James Joyce en Zúrich o las descripciones de ambos aspectos en la obra de Henry Miller. En general se pueden encontrar muchos ejemplos en la producción contemporánea.

 

 

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Periodista en proceso de formación, amante de la cultura y los viajes