Busques sol, nieve, gastronomía, arte o descubrir nuevas culturas, tenemos cinco sugerencias para indecisos. ¡Aún estás a tiempo para pegarte ese viaje que necesitas!

Lanzarote: Ganas de sol

Esta pequeña isla volcánica de las Canarias depara panorámicas tan extraordinarias como variopintas: tan pronto imaginas que estás paseando por Marte, como admiras un paisaje moldeado por viñedos hundidos en la tierra o te asomas a un vertiginoso acantilado desde una terraza diseñada por César Manrique. Ah sí, claro que tiene bonitas playas, pero lo bueno es que Lanzarote ofrece además muchos otros atractivos.

Qué ver: el Parque Nacional de Timanfaya y sus imperdibles instantáneas lunares; los diferentes proyectos del artista César Manrique (en especial el Mirador del Río, la Cueva de los Verdes y Jameos del Agua); los viñedos de La Geria, con cepas parapetadas por muros para protegerlas del viento; la Laguna Verde o de los Clicos y los Hervideros; el charco de San Ginés en Arrecife (la capital); los pueblos de Teguise (el domingo celebran mercado) y Haría; y las playas de Papagayo y de Famara.

Qué comer: ‘papas arrugás’, pescado recién salido del Atlántico (algunos desconocidos en la península, como el bocinegro o la cabrilla), quesos locales, gofio escaldado, el postre bienmesabe… Todo bien acompañado de su famoso vino blanco de malvasía volcánica.

Una recomendación: el restaurante La Tegala, con la cocina de autor de Germán Blanco y en un enclave espectacular.

isla volcánica

La isla volcánica de Lanzarote.

Budapest: Una capital por descubrir

La capital húngara es un destino emergente que sorprende por su modernidad y por sus propuestas ‘foodies’. El río Danubio la divide en dos partes: Buda, majestuosa y con magníficas vistas, y Pest, vibrante -especialmente en su barrio de moda, el judío- y bella en su ecléctica mezcla de arquitecturas, del art-déco a la comunista. Amantes del ‘streetfood’ (no te pierdas su espacio Karaván), del diseño (con bonitas tiendas como Mono Art & Design), de los mercadillos ‘vintage’ como el de Gozsdu Udvar, de los baños termales y de la creatividad más ‘underground’ (ahí están sus populares ‘ruin bars’), Budapest enamora.

Qué ver: su famoso -y precioso- Parlamento; la comercial calle Váci utca, que desemboca en el Mercado Central; la Gran Sinagoga y el barrio judío; el puente de las cadenas y el funicular que sube a Buda, con su castillo, la Iglesia de Matías y el Bastión de los Pescadores; el Monte Gellért.

Qué comer: el goulash -generalmente acompañado por un tipo de pasta llamada despätzle o consumido en versión sopa- y el pollo con paprika, son dos imprescindibles junto con sus magníficos vinos. También es muy popular el aguardiente pálinka (para estómagos fuertes).

Una recomendación: Szimpla Kert, el ‘ruin bar’ más famoso en Budapest, uno de los pioneros en recuperar un edificio abandonado para montar diversas barras con poco dinero y mucha creatividad. Te tomarás más de una copa.

Budapets

Vistas a la capital de Hungría.

Málaga: De ruta ‘arty’

Con el deseo de que esta Semana Santa ya vuelva a ser una ciudad impoluta, Málaga es una excelente opción para amantes del arte, del sol y del tapeo. La reciente inauguración de museos como el Pompidou, el Thyssen y el Ruso, se añade a una oferta cultural impresionante donde destacan el Museo Picasso de Málaga, el CAC y la Térmica, entre muchos otros.

Qué ver: además de visitar los monumentos imprescindibles como la Catedral y la Alcazaba y de callejear por su encantador centro, no debes perderte algunas exposiciones interesantes como Reflejos del pop, una muestra del arte pop español en los años 60 y 70 (Thyssen Málaga, hasta el 4 de septiembre); Juego de ojos, un análisis de cómo Picasso trata la mirada en su obra (Museo Picasso de Málaga, hasta el 11 de septiembre); Periplos / Arte portugués de hoy, una colectiva con los artistas contemporáneos lusos más representativos (CAC, hasta el 8 de mayo); la exposición-taller Frida Kahlo, pensado para introducir a los niños en la obra de la artista mexicana (Pompidou Málaga, hasta mediados de junio); Frida Kahlo. Fotografías de Leo Matiz en La Casa Azul (La Térmica, hasta el 29 de mayo) y Las cuatro estaciones en el arte ruso (Museo Ruso de Málaga, hasta enero 2017).

Qué comer: espetos de sardina en la Playa del Pedregalejo y sus populares tapas (salmorejo, tortillita de camarones, pescaíto frito…) en cualquiera de sus locales del centro.

Una recomendación: los Baños del Carmen, un bar-restaurante con una amplia terraza en un antiguo balneario y en un enclave precioso al lado del mar.

El Pompidou de Málaga

El Pompidou de Málaga.

San Sebastián: Homenaje gastronómico

Da gusto pasear por la capital guipuzcoana, pero sobre todo es un placer hacer una ruta de pintxos o sentarse en la mesa de algunos de sus grandes restaurantes. Porque, reconozcámoslo, cada vez que vamos a Donostia, en lo primero que pensamos es en lo bien que vamos a comer. Por algo es la ciudad con más estrellas Michelin por metro cuadrado.

Qué ver: la parte Vieja; la Bahía de la Concha; el paseo desde la Playa de Zurriola hasta el Peine del viento de Chillida (lamentablemente cerrado por obras en estas fechas); el Palacio Kursaal; los montes Urgull e Igueldo.

Qué comer: en estas fechas vale la pena acercarse a una de sus tradicionales sidrerías, hasta finales de abril los vascos acuden en manadas para divertirse al grito del popular “¡txotx!” y charlar en torno al popular menú de tortilla de bacalao y/o bacalao y chuletón. Por supuesto, hay que ir de pintxos por la parte Vieja y darse un festín en alguno de sus premiados restaurantes.

Una recomendación: el Restaurante Martín Berasategui, situado en Lasarte (a pocos kilómetros de San Sebastián) y con tres estrellas Michelin. Y ya que estás, pide su Gran Menú Degustación.

Restaurante Martín Berasategui

Restaurante Martín Berasategui, en Lasarte.

Jaca: Últimos días de nieve

Ya que el invierno ha llegado tarde, los amantes del esquí podrán al menos disfrutar de una prórroga en las pistas. El Pirineo aragonés es una buena opción si además quieres visitar pueblos, monumentos y paisajes llenos de encanto. Jaca (Huesca) se antoja como buen punto de partida para explorar las diferentes estaciones y realizar múltiples excursiones. Si eres un experto en el deporte de invierno, puedes acercarte a Formigal; si eres debutante, a Candanchú (con forfait más económico para amateurs y bastantes pistas verdes); y si no esquiarías ni en sueños, mejor alquilas unas raquetas en Somport.

Qué ver: la preciosa catedral de Jaca, su casco antiguo y su ciudadela. En los alrededores, el monasterio de San Juan de la Peña -enclavado en la montaña-; el Parque Nacional de Ordesa y de Monte Perdido; la romántica estación de Canfranc; el Valle de Tena (con parada en Lanuza); los Valles de Hecho y Ansó.

Qué comer: cordero, migas, borrajas y guisos contundentes para entrar en calor (estofado de jabalí, ciervo, carrilleras…). En Jaca adoran tapear.

Una recomendación: Mesón Serrablo, uno de los restaurantes clásicos en Jaca, con platos de cocina tradicional y buen producto. Si prefieres tapas, prueba suerte en la minúscula pero muy recomendable Tasca de Ana.

pirineo aragones - jaca

Paseo con raquetas de nieve en Somport.

 

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