Puede que esto de la Dieta del Vino y el Jamón te parezca una de esas ideas simpáticas y descabelladas que se inventa cualquier inconsciente con el fin de engatusar a ese público desvalido en lucha permanente contra los kilos de más. Puede que a priori la pongas en el mismo saco que dietas como la del Hombre Lobo, la de la Bella Durmiente o la de las Fases Lunares –no es broma–, hasta que te enteras de que tras ella se encuentra Rubén Bravo, naturópata especialista en nutrición y gastronomía del Instituto Europeo de la Obesidad, quien ha ideado un régimen muy efectivo basado en estos dos superalimentos, que nos permitirá adelgazar sin cambiar nuestro estilo de vida.

De hecho, Bravo ha llegado a esta dieta tras muchos años de trabajo y habiéndose sometido él mismo a infinidad de ellas desde bien pequeño. “Miro hacia atrás y me doy cuenta de que nací con predisposición genética hacia la obesidad y durante toda mi vida he luchado contra ella”, afirma, para acabar llegando a la conclusión de que “puedo cambiar la expresión de mis genes para mantenerme delgado y sano”. Sin embargo, continúa, “hasta que no llegué a conseguirlo, mi peso subía y bajaba como una montaña rusa. Ahora sé que aunque nací obeso puedo vivir delgado”. Y, según él, sólo hay una manera de conseguir este milagro: comiendo de forma consciente y equilibrada alimentos nutritivos procedentes en gran parte de la dieta mediterránea, lejos de esas dietas estrictas con las que acabamos incluso deprimidos.

Pero vayamos por partes. Se llama Dieta del Vino y el Jamón y consiste en consumir a diario estos dos alimentos, con beneficios más que demostrados para la salud. Por un lado, vino, una bebida cardiosaludable si la consumimos en su justa medida, que además contiene una sustancia llamada resveratrol, que ayuda a fortalecer huesos y músculos. Ideal, pues, para las épocas en que comemos menos, hacemos más ejercicio y solemos sentirnos abatidos y cansados. Además, diversos estudios han confirmado las propiedades anticancerígenas del resveratrol, así como su acción antienvejecimiento. Pero Bravo insiste: hablamos de un consumo moderado de vino, lo que significa, como máximo, un par de copas al día para los hombres y una para las mujeres.

El compañero del vino en esta dieta es el jamón, pero no un jamón cualquiera, sino ibérico de bellota. ¿El motivo? Las propiedades cardiosaludables de un producto que, como el vino, se consume a diario durante las cuatro semanas que en principio dura la dieta, que nos va a permitir perder, si la hacemos bien, de 4 a 6 kg. De nuevo nos encontramos con un alimento con beneficios contrastados para el corazón, con un bajísimo contenido de grasas saturadas y muy alto de insaturadas, siempre que proceda de animales que se han alimentado exclusivamente de bellotas. Como el vino, el ibérico de bellota tiene propiedades antioxidantes, de manera que retrasa el envejecimiento celular, y, como asegura Bravo, nos va a proporcionar la vitalidad que necesitamos durante el día y a asegurarnos el descanso nocturno.

dieta jamón y vino

El nutricionista insiste en que la inclusión de ambos alimentos en la dieta no sólo es beneficiosa nutricionalmente, sino también desde un punto de vista social. Y es que, siempre que no nos pasemos, vamos a poder seguir saliendo de tapas con los amigos y cambiar cañas, croquetas y bravas por un plato de ibérico y un tinto, ya que blancos, rosados y espumosos están excluídos de la lista. En este sentido, Bravo recomienda escoger Merlot, Pinot Noir y Tempranillo, que presentan mayores concentraciones de resveratrol.

Una vez sabemos que jamón y vino son alimentos obligatorios en la dieta, ¿cómo los consumimos?

  • Desayunamos pan, siempre integral, con jamón, fruta y café, tratando de evitar las frutas que más engordan, como los plátanos o el melón. Cuidado con el pan, porque estará prohibido durante el resto del día.
  • La comida debe ser ni más ni menos que la que nos dice el sentido común: verdura hervida o al vapor, o ensalada; y de segundo pescado o carne a la brasa, escogiendo siempre carnes magras. Para los aliños, siempre debemos utilizar aceite de oliva virgen. Acompañado de una copa de vino.
  • La merienda consta de un café (con leche desnatada), un puñado de nueces y un yogur desnatado, que puede sustitutirse por una pieza de fruta.
  • La cena tiene que ser la comida más ligera del día, aunque en ella incluiremos de nuevo unas lonchas de ibérico, además de carne o pescado y un caldo de verduras (sin fideos). La dieta permite finalizar el ágape con una onza de chocolate negro sin azúcar, que también podemos consumir, si lo deseamos, a mediodía.

Bravo asegura que, si se hace bien, la Dieta del Vino y el Jamón nos va a permitir perder bastante peso sin renunciar a nuestros hábitos, pero también afirma que no debe hacerse sin asesoramiento, ya que la cantidad de vino, jamón y del resto de alimentos en general depende de las características físicas y los hábitos de cada persona. Insiste, además, en que es importante realizar a diario algún tipo de actividad física para completar los beneficios de una dieta pensada para todos aquellos “a quienes no les gusta sentirse a dieta”.

Más información: www.dietavinojamon.es

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