Hay gente que ama la Navidad. Personas que disfrutan con una serie de actividades navideñas que otros muchos detestan profundamente, bien porque les recuerdan a los que ya no están o porque les obligan a hacer balance de un año más acumulando fracasos. O porque no son capaces, pese a intentarlo, de digerir semejante despliegue de capitalismo, inhumano, abrumador, esencialmente injusto. Pero hay quien, pese a ser consciente del lado oscuro de la Navidad, no puede evitar pasárselo en grande acudiendo a la Feria del Abeto; fotografiando a su mascota con un gorro de Papá Noel; incluso yendo a la misa del Gallo, algo reservado sólo a los más ortodoxos de los rituales navideños.

Son esas personas que utilizan eufemismos como “yo me dedico al mundo del transporte” para decir que son camioneros, que tienen una ropa especial para el fin de semana que nunca se ponen entre semana y quienes, pese a todas esas habilidades, hay momentos del periplo navideño en los que incluso ellos se quedan sin temas de conversación.

Porque todo el mundo sabe que en las Navidades con la familia, ya sea propia o política, hay una serie de temas tabú, cuyo número aumenta cada año. Política, religión, sexo, fútbol, veganismo o Dylan son absolutamente intocables, y su sola mención puede destruir de un plumazo a familias fuertemente cohesionadas durante generaciones.

¿De qué hablar, pues, cuando ya hemos comentado el relleno del pavo, hemos tocado desde todos los ángulos el asunto de la temperatura y todos y cada uno de los presenten han expresado de alguna manera su relación con el café (“uy, yo me tomo uno después de comer y no duermo, nena”, “ah, pues a mí no me hace nada”)? Aquí algunas ideas de temas para sacar en la mesa navideña y que ésta no se venga abajo. Todos ellos neutros y resultones, que nos harán liderar el tema conversacional y garantizarán la paz familiar.

Hay una tribu urbana nueva llamada los trenteenagers, que son como adolescentes. Que ha salido un libro que habla de eso: aquí conviene aprenderse el título: Los treinta son la ¡hostia!. Este tema será del agrado de los primillos swaggers adolescentes, que tal vez decidan levantar la cabeza del móvil para ver de qué va esto de los treintañeros que no quieren crecer.

Cuando abran el vino, prepárate para dejar boquiabierto al personal con el anuncio de algo que probablemente nadie sabe: los rosados molan. Si el treintañero es el nuevo teeenager, explícales, resulta que el rosado ha dejado de ser la hermana pobre y se ha convertido en el nuevo blanco: vinos modernos, transgresores y decididamente cool que triunfan en todo el mundo.

Que estás pensando en hacer una escapadita a Lisboa, que vale ya de tanto Londres y tanta tontería. Que ir a París es totalmente 2012 y que ahora lo que se lleva es escaparse un finde de compras a la capital portuguesa. Aquí, si te vienes arriba puedes incluso soltarte con un fado. Que es Navidad.

Cuando vuelvas de Lisboa, anuncia mirando al infinito, tienes pensado revisitar algunos imprescindibles de la literatura asiática. Que es la gran desconocida, les cuentas; que Murakami es música para tus oídos. Intenta no hacer eye contact con las personas que mejor te conocen de la mesa, que en esos momentos te mirarán con cara de pasmo, sabedoras de que el último libro que leíste fue el de la autoescuela. Y aprobaste a la quinta.

Y para acabar, cuando llegue el turrón, cuando quien más quien menos esté ligeramente achispado y haya que recurrir a un tema de consenso, saca este as que guardabas bajo la manga desde el principio. Cuenta a toda la mesa, aprovechando algún silencio para asegurarte la atención total, que comer chocolate no sólo es bueno, sino que es lo más saludable que hay. Que incluso reduce el estrés. Todos te querrán y la fiesta habrá acabado en paz. Habrás sellado un fin de fiesta glorioso y tu familia se mantendrá unida. Ya pensarás el año que viene cómo justificar que al final no fuiste a Lisboa.

 

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