Están por todas partes. En el bar de la estación, en la máquina del trabajo, incluso en esa presunta cafetería hipster. El café lamentable ha reinado durante tanto tiempo en nuestras vidas que se niega a dar paso a los cafés de especialidad, bien seleccionados, bien tostados y bien hechos que empiezan ya a asomar tímidamente la patita. ¿Cómo reconocer un café malo? Probablemente cumplirá varios de estos requisitos.

Necesita azúcar.La cantidad de azúcar que necesita un café es directamente proporcional a lo nefasto que es. Por tanto, aquellos que necesitan dos sobres de azúcar para ser tragables han sido tostados (quemados, para ser más exactos): el famoso café torrefacto que se ha tomado tradicionalmente en España. Su sabor es, pues, el resultado de un tueste excesivo, que se hacía para poder conservarlo durante más tiempo. El buen café debe tener un toque ligeramente amargo, pero un retrogusto dulzón que hace que podamos tomarlo perfectamente sin azúcar.

Está aguado.Si el café te sale aguado es que está mal prensado, una tarea que conviene hacer con un poco de cariñito. El buen café tendrá una textura consistente, sedosa, más similar a la de la leche que a la del agua.

Está quemado.¿A ti también te han puesto alguna vez un café literalmente quemado, con la parte chamuscada pegada a los bordes de la taza? Pues es malo. La temperatura es fundamental en un buen café, que debe estar templado, sin llegar a hervir.

Te encuentras café molido dentro de la taza.Si acabamos el café y queda un rastro de café molido, sin filtrar, es que algo ha hecho mal el que nos lo ha preparado.

El aroma.Un buen café tiene un aroma complejo y persistente, lleno de matices, con toques tostados, de cacao, hierba fresca, etc.

La persistencia.Si con todos estos detalles aún tenemos dudas de si nos encontramos ante un buen o un mal café es hora de probarlo y fijarnos en la persistencia. Si el complejo sabor del café se queda en nuestro paladar durante un rato es que hemos escogido bien. Si, por el contrario, su sabor es amargo, intenso y efímero, es que es malo o malísimo.

El precio.Sí, el precio. Hablando de cosas tangibles, no nos queda más remedio que aceptar que si queremos un café bueno vamos a tener que pagar por él. Cuánto, depende de la ciudad y de la cafetería, pero seguramente un precio entre 80 céntimos y 1 € más que en un local estándar. Mira con qué mimo elabora el café el barista, cuánto tiempo y energía le dedica, y te darás cuenta de dónde viene ese dinerillo de más que te están cobrando.

 

 

 

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