El cuerpo nos pide playa, relax, cultura, una gastronomía de escándalo y unos paisajes espectaculares, con enormes acantilados repletos de leyendas en cuya cima tendremos la sensación de que el tiempo se ha detenido en Italia. Cerdeña es una de las joyas del Mediterráneo, lejos del encanto cuqui de Santorini, de la sofisticación, a veces abrumadora, de Ibiza o de ese aire clásico y decandente que solo encontramos en Malta. Cerdeña es un lugar bucólico y atemporal, enorme (necesitaríamos al menos una semana para hacerla al completo), donde absolutamente todos sus habitantes llevan en su interior una ‘nonna’ empeñada en darnos mucho de comer y hacer que nos sintamos en casa.

Si decidimos hacer una escapada de tres días, nuestra recomendación es quedarnos en el noreste de la isla y disfrutar, mientras comemos de lo lindo, de algunos de los paisajes más hermosos de Europa. Eso sí, debes alquilar un coche o, una opción muy recomendable, llevarlo contigo. Nosotros tomamos un barco de Grimaldi Lines en el puerto de Barcelona, llevamos el coche con nosotros y lo trajimos, claro, cargadito de vinos delicatessen, pastas espectaculares y otros productos sardos que nos enamoraron durante nuestra estancia. Sea cual sea el plan del viaje, aquí van diez cosas imprescindibles que hacer en Cerdeña.

1- Visita el Parque Natural de Porto Conte, donde disfrutarás de unas vistas espectaculares rodeado de acantilados, aquel lugar mágico en que Liz Taylor y Richard Burton sacaban sus fantasmas en Boom (Joseph Losey, 1968). Haz un alto en el bucólico paseo para darte un baño en la playa de Mugoni y visitar la antigua prisión de Tamariglio, repleta de leyendas que sonarán mucho mejor si te las cuenta un guía sardo.

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2- Para a comer en Agriturismo Agave, un espacio ubicado en el Parque que se nutre exclusivamente de productos de proximidad. Cuando entres y veas a un grupo de mujeres elaborando la pasta a mano en el jardín, sabrás que estás en el lugar adecuado.

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3- Disfruta de una paella algherese en el restaurante La Pergola, de Alghero, donde alguien inventó este plato saltándose todas las normas y triunfó con una creación que podría provocar convulsiones a los ortodoxos de la paella. La paella algherese se elabora con rape (que en italiano recibe el adorable nombre de rana pescatrice), cordero y fregola (un tipo de pasta muy común, de tamaño y consitencia similar a las lentejas).

4- Un cóctel en el Blau, el restaurante del Hotel Catalunya de Alghero, desde cuya terraza con vistas al puerto disfrutaremos de un hermoso atardecer y de todo el encanto del Mediterráneo. Antes o después, en función del calor que haga en Cerdeña o de lo cansados que estemos, conviene caminar sin prisas por el bonito paseo marítimo de la ciudad.

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5- Una sesión de spa en Marinedda. Este hotel de cinco estrellas situado en Isola Rossa, en medio de un paisaje agreste precioso, pertenece a la cadena Delphina Hotels y fue nuestro elegido precisamente porque su filosofía encaja a al perfección con la imagen que tenemos de Cerdeña. De hecho, salvo excepciones, la isla se caracteriza por sus construcciones respetuosas por el paisaje, nada agresivas, y Marinedda es un buen ejemplo de integración perfecta del espacio en el medio. Su spa es una maravilla de la que conviene disfrutar al menos un rato, y su interior es una exquisitez en toda regla.

6- No puede irte de Cerdeña sin probar la bottarga, unas huevas de pescado secas y sazonadas muy típicas de la isla. Se degustan acompañadas de unos espaguetis, y su sabor es tan delicioso que no requieren nada más. Nosotros las probamos en el restaurante Fofò, de Castelsardo.

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7- Ya que estamos en Castelsardo conviene subir andando al castillo que corona la localidad, visitar su museo de la cestería y hacernos unas fotos espectaculares, con el mar de fondo, en cualquiera de sus rincones.

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8- ¿Otras recomendaciones gastronómicas? Probar los vinos de Vermentino, la variedad de uva más popular de la región, un peccorino de escándalo (Cerdeña es la capital europea de las ovejas), o una pasta llamada malloreddus (tipo ñoquis, elaborada con sémola de trigo), que solo necesita de un buen aceite de oliva virgen extra y un parmesano bueno para resultar espectacular. El pane carasao, un pan crujiente que se suele servir como aperitivo, va a ser otro compañero de fatigas en nuestro paso por Cerdeña, así como las seadas, una especie de pestiños con miel maravillosos que nos servirán hasta en los hoteles de más postín.

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