Las cartas sobre la mesa. La división de Medio Ambiente de la ONU, mediante la Subsecretaría para el Cambio Climático, define el ídem como “la modificación de componentes del sistema climático con efectos ambientales y socioeconómicos sobre la población y el ecosistema en el mundo”.

Y en esas andamos. Atendiendo al último informe de la Conferencia de Davos 2017-18, las causas antropogénicas (las producidas por la actividad humana) nos han conducido a este nuevo y apremiante contexto.

De entre las conclusiones de la conferencia destacan tres puntos que, no por sabidos, adquieren vital importancia.

  • Los ciclos de tiempo necesarios para un aumento de la temperatura media anual de entre 3 y 4 grados se han reducido de 400 a 100 años.
  • La actividad humana ha supuesto cambios en la composición de gases de la atmósfera; de igual modo que ha modificado los perfiles y sedimentos de márgenes de ríos y costas.
  • Del mismo modo, la anotropogenia acaba con diferentes especies vegetales y animales a mayor ritmo que la propia selección natural. Preocupante.

En EEUU, las consecuencias financieras de los fenómenos meteorológicos asociados al cabo climático, fueron enormes en 2017. El año más “caro” desde que se tiene registro, con pérdidas que ascienden a 16000 millones de dólares.

¿Más pruebas? En la década de los 80, las petroleras Exxon y Shell predijeron el calentamiento global derivado de sus productos mediante un informe que, obviamente, mantuvieron en secreto, pero que, recientemente, The Guardian ha publicado.

¿Y la viticultura? Pues el escenario y las predicciones para los próximos 50 años se antoja, cuanto menos, cambiante y compleja.

Se calcula que hacia el año 2050, entre el 25% y el 75% de las regiones de viñedos actuales habrán desaparecido.

No son pocas las voces que coinciden en un futuro mapa de variedades totalmente diferente al de hoy en día. Y es que, Europa, se antoja como el continente que más modificaciones sufrirá, con una variación de más del 50%.

Del mismo modo, en el nuevo mundo, el nuevo contexto desplazará los viñedos hacia la linea de la costa del Pacifico para beneficiarse de las corrientes frías.

De manera opuesta, surgirán nuevas regiones vinícolas, especialmente aquellas situadas al norte del paralelo 50º. Así, Escocia, Dinamarca, Suecia o Noruega están entre los países que ya han cultivado viñedos a latitudes de 60º – las mismas que Siberia- y cuentan con una producción incipiente pero relevante de vino.

Nuevas técnicas de trabajo y un nuevo mapa de variedades. Las zonas clásicas por antonomasia deberán adaptarse o morir. Las variedades internacionales mas resistentes y las variedades autóctonas serán las protagonistas de la nueva revolución del vino. Algo en lo que la familia Torres lleva trabajando mas de veinte años.

Nuestra responsabilidad, nuestras acciones; quedan a expensas de vuestro comportamiento para con nuestra tierra. A modo de voz de alarma, es nuestro deber liderar a un sector que depende enteramente de los caprichos climáticos.

Un proceso de adaptación y respeto por la naturaleza que nos hace mirar hacia un ayer sabio, para asegurar un mañana de vides y vino.

Por Baco, seamos consecuentes.

 

 

Fuentes:

  • Davos’s report on climate change 17-19
  • The Guardian
  • Subsecretaría para el Cambio Climático de la ONU
  • Vinos, contextualización y viticultura (Bullipedia, 2018)

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EXCERPT

Derivadas de un nuevo contexto climático surgirán nuevas regiones vinícolas, especialmente aquellas situadas al norte del paralelo 50º. Así, Escocia, Dinamarca, Suecia o Noruega están entre los países que ya han cultivado viñedos a latitudes de 60º – las mismas que Siberia- y cuentan con una producción incipiente pero relevante de vino.

 

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