Difícil resistirse a un buen helado cuando asoman los primeros rayos de sol que calientan el cuerpo y el alma. No hace falta que sea verano para disfrutar de uno, siempre que esté tan bueno como los de estas cuatro heladerías de Barcelona que te recomendamos en este post. Para derretirse de placer.

Delacrem (Enric Granados, 15)

El turinés Massimo Pignata vive en Barcelona por amor. Sí, por una chica a la que conoció cuando llegó a la ciudad, pero también por amor a los helados. Los que borda en Delacrem, los que provocan colas, los que gustan y divierten a los clientes por su variedad y originalidad: igual se inventa uno de capuccino que otro de uva o de mango, por no hablar de los de mandarina y manzana asada con canela, el de chocolate y cerveza negra, o el de pistacho. Así, hasta una veintena. Siempre elaborados con productos frescos y de temporada (dice Massimo que intenta llevar el concepto del slow food a los helados), siempre cremosos, con sabores limpios y el punto de dulzor justo. Ah, y sin gluten (al loro, celiacos) ni grasas animales (¿oído, veganos?).

 heladerias barcelona

 

Gelaaati! di Marco (Llibreteria, 7)

Si paseas por el centro de Barcelona, es decir, rodeado de guiris, no temas: este establecimiento no te fallará. Aquí no te servirán cualquier helado industrial de baja calidad para turistas sin criterio gastronómico. Marco di Consiglio es el maestro heladero que marca la pauta: allí elaboran a diario, de manera artesanal, un enorme catálogo de propuestas tradicionales y vanguardistas, todas ellas naturales (sin colorantes, grasas hidrogenadas). Da igual que sean helados cremosos, sorbetes, granizados… Y con ingredientes top italianos (avellana del Piemonte, pistacho de Sicilia…) y catalanes (melocotones del Ordal, leche fresca de granjas cercanas…). Por eso el nombre de la heladería lleva tantas ‘a’: por el gusto que daaaa.

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Oggi Gelato(Comtal, 15)

Esta heladería del barrio gótico de Barcelona puede presumir de lo más parecido a una bendición divina: sirve sus helados en los actos oficiales del Vaticano. Para alcanzar el ‘cielo’, elabora sus propuestas sin moverse un ápice de los cánones que marca la tradición italiana. Y eso lo aplican en todo el catálogo que ofrece, que va desde los más clásicos hasta los más sofisticados, como el de aceite de oliva y el de ricotta con naranja y chocolate de Mòdica, pasando por clásicos modernos como el de menta con albahaca y el de manzana con canela. Un dato que explica bien cómo trabajan: utilizan alrededor de un 60% de fruta para hacer un kilo de helado. ¡Cómo no iba a gustarle al Papa de Roma!

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Belgious (rambla del Poblenou)

Los que estén aburridos del helado de chocolate, del helado de vainilla, del helado de fresa o de limón, en fin, del sota, caballo y rey de los bocados fríos, deberían dirigir sus pasos al local de Belgious en el Poblenou, cerquita de la playa. No hay creación que se les resista a sus maestros artesanos: si la imaginan, la hacen. ¿Ejemplos? Buf, difícil resumir, pero ahí va una breve enumeración: de café arabiga natural, de gintónic, de cerveza belga rubia, de curry, de vinagre de Módena con frambuesas, de mostaza antigua de Dijon, dewasabi, de gambas a la plancha… Y encima, sin añadidos artificiales como conservantes, colorantes o potenciadores de sabor.

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