Paradigma de alimento cultural, el vino forma parte también de la historia de la medicina. A continuación, un breve repaso a los beneficios del consumo de vino con moderación y las razones fisiológicas de sus bondades.

‘Winelovers’ todos, el vino no siempre fue la delicia para las sentidos que es hoy. Hubo una época en la que nuestra afición líquida era el brebaje más higiénico de todos debido a la falta de sistemas de canalización de agua potable, pero sus características organolépticas distaban un mundo de lo que entendemos hoy por un buen vino. Cabe recordar que las técnicas modernas de vinificación no verían la luz hasta bien entrado el siglo XX.

Ergo…. ¿qué hacía del vino una bebida de éxito en el mundo antiguo? Pues ni más ni menos que su efecto. Como cita Hugh Johnson en su magna obra La historia del Vino (ed. Blume), “en una vida desagradable, corta y brutal” los efectos del alcohol apaciguaban ansiedades e histerias. Dolor de alma y cuerpo. La antesala al paraíso. El recibidor de Dios. Aunque huelga decir que las resacas eran monumentales…

Obviamente está demostrado que el vino no cura enfermedades, pero, ¿sabíais que durante 2000 años de historia de la medicina, el alcohol fue el único antiséptico disponible? Un ejemplo: un texto indio que fecha del s. VI a C. reza: “El vino es tonificante de mente y cuerpo, antídoto contra el insomnio, la pena y el cansancio. Inductor del hambre, la felicidad y la digestión”.

Del mismo modo el pensador Confucio y el poeta persa Omar Kahyan, recomendaban el consumo de vino en cantidades moderadas para una vida plena y equilibrada.

Bien, pero, ¿cuanta verdad científica se esconde tras tales afirmaciones, que por otro lado siguen vigentes a día de hoy? Repasemos ciertos componentes del vino que afectan de manera directa o indirecta a nuestra salud:

1. Etanol

Cierto es que hablamos del responsable de la embriaguez. No obstante, el etanol, por su afectación al sistema nervioso central, nos genera la sensación de inhibición, lo que hace del vino la bebida más social y civilizada de las fermentaciones, como afirmaba Louis Pasteur.

Fomenta la empatía y, a pesar de ser considerado como un elemento depresor, el etanol nos genera esa sensación de euforia y fraternidad. Aunque insistimos que en la moderación está la respuesta.

En clave moderna, el etanol es conocido por su acción vasodilatadora del alcohol. Interesante para la protección arterial y en la lucha contra radicales libres.

2. Resveratrol

Nos hallamos ante un antioxidante y antifúngico natural que se desarrolla en la piel de las uvas como agente de resistencia ante la podredumbre. Su contenido es más elevado en las variedades tintas (pinot noir y merlot en particular) aunque ciertas variedades blancas como la xarel.lo contienen trazas de resveratrol muy elevadas.

Entre los efectos beneficiosos del resveratrol encontramos:

  • Disminución del riesgo de ataques cardíacos.
  • Potente antiinflamatorio para reducir enemas.
  • Antioxidante contra los radicales libres (sustancias que producen la degeneración de las células).
  • Prevención de alteraciones genéticas.
  • Relaja los vasos sanguíneos.

3. Taninos y Antocianos

Ah, ¡los famosos taninos! Como los antocianos, hablamos de polifenoles presentes en la piel y raspón de la uva (y otras muchas frutas), y también en el roble de las barricas. Son los responsables de la sensación de astringencia y de sequedad en la boca y, por supuesto, del cuerpo y coloración del vino, aunque también resultan ser unos aliados magníficos para el organismo debido a su acción bactericida, previniendo enfermedades.

Del mismo modo, favorece la digestión de alimentos con alto índice proteico, como la carne.

4. Las Procianidinas

Menudo palabro…. Nos encontramos ante un tipo de tanino que inhibe la formación de histamina (responsable de convertir en globos humanos a los alérgicos). Un potentísimo antiinflamatorio.

5. Otros…

Minerales como el hierro, el potasio, el calcio o el magnesio, presentes en el vino, ayudan al buen funcionamiento de nuestro organismo. Del mismo modo las vitaminas C y E son beneficiosas gracias a su efecto antioxidante, amén de ser protectoras naturales de paredes de venas y arterias.

 

Recordad que saber beber es saber vivir y que en la moderación está la clave. De modo que si tenéis que conducir o estáis tomando medicamentos no consumáis alcohol.

Hagamos del vino lo que siempre fue, un alimento ligado a un modo entender la vida y la tierra que nos alberga. Cultura en mayúsculas. Una herencia de lujo.

¡Salud y vino!

 

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Sobre nosotros.

Editor de Contenidos y Social Media Strategist . Guionista de formación, escritor de vocación y 'wine lover' por convicción. Soñador frecuente, viajero ocasional. No le gusta bailar.