Hubo una época en que tú, que ahora sostienes con la mirada perdida una copa de vino mientras sueltas una perorata sobre taninos que duerme a las ovejas, te pimplabas una leche de pantera creyéndote el más ‘classy’ del lugar. Este cóctel bebida y muchos otros forman parte de nuestro top de bebidas lamentables que nos van a hacer valorar, si cabe, un poco más, los encantos de un buen vino.

1- Licor con batido de chocolate. ¿Hola? ¿Pero estamos locos? Tu insulina llora de desesperación desde aquella noche loca en las fiestas del pueblo en que te cascaste seis porque pretendías ligarte a la camarera. Y aunque las nuevas generaciones ya no suelen cometer aberraciones como mezclar estos dos brebajes es conveniente recordarlo: el batido de chocolate por la tarde, templadito, con una magdalena; y el Licor: NUNCA.

2- Vodka con lima. Con el argumento de que el vodka tiene un sabor neutro, la historia de la coctelería ha dado lugar a insensateces como mezclarlo con lima (vaso de tubo y hielazos XXL, claro). El resultado era un cóctel de apariencia similar al contenido del cubo de fregar que, años atrás, muchos jovenzuelos bebían a dos manos sin ser conscientes de que, ay, el vodka tiene 40 grados.

3- Sangría de cava. “No, la sangría es de canis, nosotros vamos a pedir sangría de cava”. Seguro que muchos hemos oído esa frase en alguna ocasión de alguien con ínfulas de sibarita ‘bon vivant’. Ojo, no es que queramos decir que la sangría de cava es PEOR que la sangría normal, ya que el nivel de atrocidad de ambos combinados es tan elevado que es imposible discernir cuál es más desagradable. Y es que, ¿no son las frutas de la sangría la modalidad más asquerosa de presentarlas en dura competencia con las frutas escarchadas que se comen en Navidad? Por no hablar de las resacazas que deja la criatura, claro.

4- Bébidas energéticas con whisky. Cada vez que alguien se acerca a la barra y pide esta combinación muere un gatito. Y es que no hace falta pensar en qué dirían Don Draper, Humphrey Bogart o Hemingway si viesen los sacrilegios que se cometen con un licor que ha de tomarse ‘on the rocks’ para comprobar que no se puede mancillar el nombre del sacrosanto whisky con un complemento que sabe, intuimos, más o menos como sabría una pila si la pasásemos a estado líquido.

5- Calimocho. Mucho purista del vino de talante aperturista te dirá que cuidadín, que un buen calimocho puede ser la más absoluta de las delicatessen. De hecho, alguien nos contaba hace poco que su abuelo solía hacerse calimochos con un gran vino y, aunque esa afirmación provoque desmayos, hay que tener presente que en el mundo de la coctelería todo vale siempre que a ti te guste. Sólo esperamos que el abuelio calimochero no se dedicase a echar el vino directamente en la botella de refresco efervescente tras haberse bebido la mitad a morro con un grupete de colegas del asilo.

6- Leche de pantera. Atención, porque estamos ante uno de los grandes en materia de combinados lamentables. Y es que esta mezcla de leche condensada, ginebra, huevo, hielo picado y canela fue, en su día, una bebida muy popular entre los miembros de la Legión Española, cosa que indica su grado de sofisticación, y más tarde fue adoptada como bebida estrella por el colectivo ‘heavy’, que solía consumirla a morro en botellas de litro en antros de mala muerte. Hay mil variantes de la leche de pantera con diversos licores, todas con el denominador común de a/ estar asquerosas y b/ sentarte como un auténtico tiro.

7- Amber Moon. No es un cóctel tan popular como los anteriores, pero se consume todavía hoy en muchos rincones de Estados Unidos, especialmente para mitigar las resacas. La combinación entre huevo crudo, con la yema sin romper, sal, pimienta, salsa inglesa, whisky y tabasco convierte a la lejía en algo parecido a un plato del Noma.

8- Cerebrito. Grosella, licor de manzana (en ocasiones lo hemos visto con licor de melocotón) y crema de whisky forman un cóctel que no debe precisamente su nombre a lo que tienen dentro de la cabeza sus consumidores habituales. Y es que la crema de whisky da la sensación de masa encefálica y la grosella de sangre, cosa que, sin duda, te alegra la noche del sábado siempre que seas un zombi o un psicópata y te la amarga si te vanaglorias de ser una persona normal que saluda a sus vecinos y paga sus impuestos. Y aún hay algún insensato que cae en la trampa.

 

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