Viaje y vino son enemigos jurados. Riesgo de destrozo, cambio de presión y de temperatura, peso extra y complicadas formalidades de aduana hacen que antes de transportar vino nos lo pensemos dos veces. Aquí van 6 consejos a tener en cuenta si decides seguir adelante y viajar con vino:

  1. Viajar en invierno

Parece obvio pero es un consejo muy útil. Si quieres hacer una expedición vinícola, sea ir a visitar bodegas o a recorrer toda una ruta, te recomendamos hacerlo en otoño o en invierno, cuando no pega tanto el sol. Y es que los meses calurosos pueden afectar totalmente la calidad del vino.

 

  1. No dejar el vino en un coche al sol

Las temperaturas en un coche aparcado al sol suben muy deprisa y, este cambio brusco, ataca considerablemente el aroma y el sabor de un vino. Por ello, recomendamos tener siempre una neverita para mantener las botellas a un temperatura más fresca.

 

  1. Envolver adecuadamente las botellas

¿Vais a viajar con una botella en la maleta? Su mejor lugar para evitar cualquier reventón es disponerla en el medio (y no en los bordes), envuelta con distintas capas de papel o cartón y  recubierta de ropa. También existen cajas de transporte especiales para estos casos.

 

  1. Invertir en una maleta especial para vino

Sí, eso existe. Y es muy recomendable para los fanáticos del vino, ya que permite transportar el producto de forma segura y a una temperatura estable, factor imprescindible para su adecuada conservación.

 

  1. En avión, cuidado con la presión

Si el vino va a viajar en la bodega (recordamos que, por seguridad, en cabina solo se pueden subir botellas compradas en el ‘dutty free’) es mejor prevenir y preguntar a la compañía si ésta es presurizada. Evitará así cualquier mala sorpresa como un tapón que salta.

 

  1. Dejar descansar el vino a la vuelta

Durante unos días tras el viaje o incluso semanas en el caso de vinos más frágiles, el vino puede perder su potencial, tener sabores y aromas menos pronunciados, parecer más plano de lo que es realmente. Aconsejamos darle un respiro para recuperarse del viaje, dejándole como mínimo una semana de descanso antes de consumirlo.

 

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Sobre nosotros.

Una periodista francesa ‘expatriée a Barcelona’ que colabora con medios de ambos lados del Pirineo.