El sentido común te dice que no hay que ser feliz todo el rato, del mismo modo que no hay que estar todo el rato enfadado. O triste. O que el amor está sobrevalorado (y tergiversado) por esto de que la organización social se ha basado, a lo largo de la historia, en la familia nuclear.

Pero hay marcas que desafían tu sentido común y te inyectan felicidad y amor por la vena en forma de escuetos mensajes que están por todas partes: en tazas, carpetas, calendarios y todo tipo de ‘merchandising’ que te recuerda constantemente que tienes que estar feliz y acompañado. Aunque eso suponga luchar contra los elementos. O simplemente no te dé la gana, opción que no parece contemplar nadie en este universo cuqui y pasteloso del que parece que vaya a emerger en cualquier momento una señora gritona con una bandeja de ‘cupcakes’.

Así pues, antes de que el mundo sea un lugar rosa, estúpido y acrítico repleto de personas felices y enamoradas, y por lo tanto extremadamente peligrosas, analizamos por qué, entre todos, tenemos la obligación de plantar cara a los mensajes positivos. Tacitas, vamos a por vosotras.

1- Idealiza el amor. “Cuando el amor no es una locura, no es amor”, dicen. ¿Pero estamos locos?  O “tú das luz a mis días”. ¿Que queeeeé? Algunas factorías siguen la estela de las pelis de Disney, las comedias románticas y todos esos ‘imputs’ que han crecido con nosotros que nos dicen que el amor puede con todo, que tiene que ser una locura y que las luces, tinieblas o negruras que existan en nuestras vidas van a depender exclusivamente de otra persona y no de nuestras propias opciones y decisiones.

Llamadme señora amargada que vive en soledad atusándose las canas mientras comenta los pormenores de la vida con su gato, gritadme indignados que dónde quedó el idealismo, pero pensad por un momento que estos mensajes son altamente peligrosos y perpetúan una imagen del amor que está condenada a hacer daño a quienes cargamos con ella en la espalda desde la más tierna infancia.

Porque no, el amor no tiene siempre que ser una locura: puede ser algo apacible y hermoso, tranquilo, cuerdo y agradable, ya que, como dice el gran Rafael Santandreu, psicólogo cognitivo autor del ‘best seller’ El arte de no amargarse la vida y, por otra parte, un tipo mucho más oscuro, más ‘punk’ y por lo tanto mucho más interesante que algunos mensajes positivos: “nadie necesita a nadie, así que tampoco necesitamos la aprobación de los demás”.

2- Demoniza la soledad. “La vida compartida sabe mejor”, dicen algunos mensajes, que además se ha hartado a vender libretas en las que escribir nuestros mejores momentos junto a otra persona, ya sea nuestra pareja, nuestro padre o nuestro cuñado. La soledad como enemiga, algo muy extendido en una sociedad que suele ver la soledad en general y la ausencia de pareja en particular como el fracaso más rotundo como ser humano.

Y volvemos a Santandreu: “La soledad es muy buena siempre que no te digas lo contrario. ¿Por qué? Si tú ves la soledad como una pizarra en blanco, vas a poder idear cosas para mejorar tu vida”. El problema, asegura, es que nos convenzamos de que somos infelices estando solos, ya que nuestra mente es tan potente que vamos a ser capaces de creerlo. Y vosotras, tacitas, no estáis ayudando nada.

3- Exalta la felicidad. “Hoy será un día genial”, “hoy van a pasar cosas espectaculares”… Son algunos de los mensajes de marcas que instan a perseguir la felicidad pese a que todo indique que va a ser un día como los demás, cosa que, por otra parte, tampoco tiene por qué estar mal.

Hace unos años leí que un grupo de psicólogos (lamento no poder dar más datos) había evaluado a una serie de personas felices y concluído a grandes rasgos que, si la vida te cruzaba con cualquiera de ellos, debías huir despavorido. Ellos, los felices, aseguraba el estudio, son esas personas con la cabeza llena de ideas preconcebidas basadas en la premisa de que todo es posible si uno se lo propone, una afirmación que se da de bruces con la esencia del sistema capitalista.

Los felices, además, por este mismo motivo, suelen apoyar opciones políticas conservadoras, pues parten de la base de que papá estado no tiene que intervenir en nada teniendo en cuenta esa premisa tan trasnochada, tan terrible y, obviamente, tan falsa, de que si quieres puedes.

4- Él piensa por ti. Lo que contribuye a convertirte en un monigote que va por la vida pensando que va a tener un día estupendo, que el amor puede con todo y que encima no es capaz de expresar con sus propias frases sus propios deseos y sentimientos. De hecho, algunos ‘merchandising’ incluso proponen cajas de chocolatinas tituladas “Cosas que debería decirte más a menudo”, en la que cada una de las chocolatinas tiene escrito un mensaje del estilo “te quiero y te requiero” o “eres mi persona favorita”. Y es que si tienes más de 11 años y un coeficiente intelectual cercano a la media tal vez sería interesante que cogieses un post-it y un boli y probases a exteriorizar lo que sientes tú y a expresarlo con tus propias palabras.

5- Te obliga a vivir para los demás. Esos mensajes amorosos y ultrapositivos siguen, de alguna manera, la estela de las redes sociales en su versión más discutible. Se trata de mostrar constantemente que eres feliz, haces cosas divertidas y tienes relaciones muy intensas con las personas que te rodean. Son tantas las cuentas de Instagram que niegan el sufrimiento, la tristeza y la mediocridad. Parece que la infelicidad no existe, y el problema es que negándola no sólo no vamos a conseguir que desaparezca, sino que vamos a señalar con el dedo a los que sí la conocen. Y vamos hacerles sentir unos ‘outsiders’ integrales en el país de lo ‘cuqui’. Cuando no, ni mucho menos: los raros son los otros.

6- Es una horterada. Dejando a un lado reflexiones metafísicas, lo cierto es que estos ejemplos de ‘slogans’ homegeiniza, cuando lo interesante tanto estética como existencialmente es diversificar. Grafías, colores, diseños… son absolutamente reconocibles, ñoñetes y horteras hasta decir basta, independientemente de la grima que nos provoquen sus frases. Sólo salvaríamos esa que dice: “La vida es un bonito viaje”. Y es que lo es. Vaya si lo es. Aunque añadiríamos entre paréntesis: (pese a todo).

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