En el marco del desarrollo cultural vinculado al Mundo Vino, las etiquetas conforman un ente artístico de per se; donde autoría, origen y sentido de la estética conforman un arco evolutivo que llega a nuestros días.

Porque la historia del etiquetado dice mucho de nosotros como sociedad, he aquí los principales quince factores históricos que han incidido en el diseño de las actuales etiquetas de vino.

  1. Si bien, en los tapones de las vasijas del antiguo Egipto o los grabados en las anforeae del Imperio Romano se podían encontrar datos referentes al elaborador, el origen y la añada; no es hasta la comercialización de los vinos embotellados que el etiquetado cobra una especial relevancia.
  2. Como en muchos casos que tienen al vino como protagonista, es en Francia donde en 1728 se dicta las primera norma que permite la libre comercialización de vino embotellado.
  3. Por lo que los precedentes de las etiquetas del vino los hallamos en una suerte de primitivos colgantes de esmaltado metálico donde aparecía únicamente el origen del vino.
  4. Las primeras etiquetas que proceden de un imprenta fechan del 1550, si bien se emplean en otras clases de productos, tardando dos siglos en llegar al vino.
  5. Es en el año 1798 cuando sucede el hecho decisivo en la producción de etiquetado del vino: El francés Louis Nicolas Robert inventa la máquina de hacer hojas de papel.
  6. Durante la misma época, el impresor bávaro Aloys Senefelder crea la litografía, una exitosa técnica de impresión presente hasta el s.XX.
  7. Estas dos técnicas dominarían la creatividad en el etiquetado del vino, bajo las cuales se originarían las que son consideras las primeras escuelas en el etiquetado contemporáneo, Alemania y la región francesa de Champagne.
  8. El tercer y significativo avance en las técnicas del etiquetado viene de la mano de la impresión a color, en 1840. Los primeros ejemplos aplicados consistían en sencillas ornamentaciones inspiradas en la naturaleza (hojas, coronas, etc) que adornaban el nombre del productor y la región de origen.
  9. En paralelo, el contenido literario se ampliaba con el fin de dar información relevante sobre el vino en cuestión; de modo que podríamos afirmar que el etiquetado siempre ha tenido en cuenta la autoría y origen del producto a partes iguales.
  10. El puro sentido de la estética llega a caballo de los siglos XIX y XX; con las vanguardias. Los motivos florales y vegetales cargados de filigranas y referencias a la vid, seducen a los winelovers de la década de 1840.
  11. Desde entonces hasta nuestros días, la legislación sobre la viña y el vino ha necesitado de una burocracia que se significa desde el etiquetado; siendo la parte informativa del envase tan importante como la artística.
  12. La diversidad en motivos y tipografías que permitía la técnica hizo del etiquetado del vino una suerte de arte propio de los países productores; que veían como las nuevas tendencias en cartelería apoyaban desde los puntos de venta a las marcas de vino.
  13. Algunas zonas han creado una identidad visual tan definida que a penas es necesario leer la etiqueta para saber de su origen. Alsacia sería el paradigma de identidad gráfica: Letras góticas, paisajes y escudos de armas forman parte del ideario de los vinos alemanes y franceses.
  14. Hoy, las reminiscencias clásicas juegan a recordarnos el antiguo prestigio de ciertas zonas, lo que ayuda a encarecer precios sin asegurar la calidad que uno puede esperar. (Borgoña por ejemplo…). Aunque sin duda siguen contribuyendo a generar una identidad de marca.
  15. Del funcionalismo, pasando por el modernismo o el art déco, el mundo de la etiqueta de los pasados dos siglos representa el propio desarrollo de las vanguardias culturales, suponiendo el vino un punto de apoyo y expresión para la propagación del propio hecho artístico.

Así, Miró, Picasso, Chagall, Kandinsky y una larga lista de creadores han encontrado en el etiquetado del vino, en algún momento de su existencia, un lugar donde acudir y refugiarse. Porque el vino, como el arte, es inherente al espíritu creativo del ser humano.

Una expresión cultural que se sirve de la tierra para una creación efímera pero memorable. Finita pero perdurable.

Vida al fin y al cabo.

 

 

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