Preparar un gin-tonic es casi tan complicado como construir un cohete, y cualquier purista en la materia se va a llevar las manos a la cabeza si te ve hacer cosas como sostener entre tus manos un vaso de tubo, utilizar hielos malos o –el horror más absoluto– tomártelo con pajita. Un poco de respeto, pues, a Mr. Gin-Tonic, que mantiene el reinado pese a las amenazas, de momento irrisorias, de vodkas o mezcales. Aquí diez secretos para que sea perfecto.

1- Copa balón o, en su defecto, vaso de sidra. A tu entender, el vaso de tubo era un caballo ganador, y sólo se te ocurren argumentos a favor: se ha usado toda la vida; tienes unos monísimos en casa, ‘vintage’, heredados de tu abuela; te permite sostenerlo mientras bailas y te da un interesante halo ‘outsider’ que crees que te sienta de maravilla.

Pues bien, para un buen gin-tonic necesitamos una copa con la boca ancha, que permita no sólo que se mezclen bien los sabores, sino que cuando bebamos podamos disfrutar de todos los aromas. Y es que la ginebra es la bebida con matices por excelencia, y un buen gin-tonic se va a consumir también a través del olfato: si nos perdemos la amalgama de aromas que emanan de un trago elaborado comme-il-faut, echaremos a perder la experiencia. Así pues, si no tienes copa balón en casa, bastará un vaso de sidra con la boca ancha (los vasitos de tubo ‘vintage’ siempre puedes usarlos de florero).

2- Hielo duro y grande. Esto significa que desechamos el hielo que hacemos nosotros mismos en el congelador de casa, pues no sólo es posible que se haya contaminado con otros sabores, sino que además estará hecho con agua del grifo y se deshará muy rápidamente. Para el gin-tonic mejor comprar el hielo y procurar que éste sea grueso, ya que si se deshace con mucha rapidez va a aguar nuestra bebida.

3- No abuses de la ginebra. Los clásicos gin-tonics en vaso de tubo de antaño se caracterizaban por llevar unos pelotazos de ginebra capaces de acabar con cualquier campeón mundial de cortar troncos –recordemos, si no, que la botella de tónica solía quedar medio llena porque no cabía en el vaso. Bastarán 5 cl, que jamás debemos calcular a ojo, para conseguir un trago equilibrado y placentero.

4- Bébetelo despacito. El gin-tonic es una bebida para disfrutar, para tomar a pequeños sorbos deleitándonos con los matices tanto de las ginebras como de la tónica y los ingredientes que hayamos utilizado. Mejor en casa, en buena compañía, o en una coctelería que los haga con cariño, pues no hay nada peor, a nuestro entender, que ese gin-tonic discotequero que sabe a rayos y todos hemos sufrido alguna vez en la vida, también en forma de una resaca espantosa.

5- Elige bien la ginebra. Y si no tienes ni idea, déjate aconsejar. Porque si bien es cierto que en muchos aspectos de la gastronomía y la coctelería nos estamos pasando con la palabrería –¿sabías que se hacen catas de agua?–, no sucede así con el gin-tonic. Al contrario de lo que ocurre con el vodka, una bebida seca y de sabor neutro, la ginebra es un dechado de voluptuosidad que puede tomar diversas formas: las hay más secas y discretas, algunas florales, frutales o herbáceas, y también muchas marcianadas que van desde una ginebra para celíacos a otra hecha con hormigas. Así que si tenemos la suerte de vérnoslas con un barman experimentado, dejemos que nos pregunte y nos recomiende la ginebra que mejor se adapte a nuestros gustos.

6- Del limón o la lima, jamás la pulpa. Basta un ‘twist’ de cualquiera de estos cítricos para conseguir un gin-tonic estupendo. En realidad, cardamomos, regalices y pimientas de lugares recónditos de Asia son ingredientes absolutamente prescindibles, y si llegado el caso queremos utilizarlos debemos hacerlo con mucho tino, siempre con la premisa de que nuestro trago no acabe pareciéndose a un árbol tropical. ¿Que qué es un ‘twist’? Un trozo de piel de cítrico cortada a ras y, a poder ser, aunque esto ya es una cuestión estética, en espiral.

7- No lo tomes con pajita. El gin-tonic no es un mojito. Y el bebedor de gin-tonic nada tiene que ver con el fan del mojito. Pero eso ya sería otro tema.

8- No a las tónicas aromatizadas. Sabemos que hay mucho fan que no nos va a perdonar nuestra acritud hacia esas bebidas que oscilan entre el jarabe y el Champín (¿que qué es? LO PEOR, el mal en forma de bebida), pero es que a una buena ginebra lo único que le hace falta para brillar en nuestra copa es una tónica con un sabor neutro y una burbuja discreta, que acompañe sin eclipsar, algo imposible cuando lo que tienes ante tus ojos es una bebida de color rosa chicle. Las tónicas aromatizadas son aberraciones que han llegado con el boom, destinadas a engañar a unos cuantos incautos, y lo más sensato si tenemos en algo de estima a nuestro paladar es mantenerlas alejadas de nuestra ginebra.

9- No abuses de los ingredientes. Oye bien esto: DOS. Como máximo y poniéndonos extremadamente generosos, tres. Pero nunca más. Y es que aunque no lo parezca, en materia de gin-tonics, como de tantas cosas en la vida, menos es más. Y sobre todo no innoves a discreción sin haber reflexionado antes sobre si la mezcla que te dispones a perpetrar tiene razón de ser.

10- Sí a las hierbas naturales. Cada vez están más de moda en coctelería, y es que el gin-tonic gana una barbaridad si en lugar de un millón de ingredientes procedentes de ultramar le añadimos un simple toque de lavanda que, tal vez, los más cocinillas cultiven en su balcón. O de albahaca fresca, que podemos incorporar directamente en la copa tras haberle dado unas suaves palmadas para que libere sutilmente sus aromas y sabores.

 

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