No, no te vamos a recomendar apuntarte a inglés, comer mejor o hacer las paces con tu cuñado. Eso son nimiedades que, por otra parte, nunca se acaban materializando. Vamos a empezar por esos pequeños gestos cotidianos que van a cambiarnos la vida poco a poco, nos harán sentir felices y relajados y, quién sabe, tal vez eso nos haga acabar sin darnos cuenta en brazos de nuestro cuñado.

1- Escucha música

Desconecta de la radio y las noticias, y acostúmbrate a escuchar música mientras realizas tus actividades cotidianas. Tu cerebro se cansa de procesar constantemente información y darle música va a ser como ofrecer agua a un sediento. Numerosos estudios confirman los beneficios de la música para casi cualquier cosa, y cómo puede acompañarnos en la consecución de las más diferentes tareas. Un estudio de la revista Neuron asegura que la música nos ayuda a recordar mejor, ya que involucra las áreas del cerebro relacionadas con la memoria, la atención y la intuición. No dudes, pues, en echar mano de ella en todo momento. Y no te pongas reggaetón con letrazas machotas, anda, que lo que arreglamos por un lado lo estropeamos por otro.

2- Borra las apps de redes sociales

No decimos con esto que ignores las redes y te conviertas en un outsider, algo prácticamente imposible a estas alturas de la película, sino que regules su uso. Para ello, un buen método es eliminar redes como Facebook o Twitter del móvil, cosa que te va a suponer una cantidad de tiempo extra a lo largo del día. Cuando lleves una semana sin ellas te darás cuenta de que en realidad no te estás perdiendo nada. Hay mil motivos para hacerlo: la ansiedad que te crea perder un tiempo que podías haber dedicado a actividades más constructivas que ver Instagram del primo segundo del vecino de tu cuñado (con el que no te hablas), o la frustración que provoca asistir a las supuestas vidas felices de la mayoría, lo que acentía las propias miserias, así como el impacto emocional de las noticias negativas. ¿Un motivo más para abandonar Twitter? Un estudio de la Universidad de Michigan en 2014 concluía que el uso de Twitter provoca divorcios.

3- No acumules objetos

Dice ese dicho que roza el lenguaje cuqui de autoayuda pero que es una verdad como la copa de un pino que las cosas importantes de la vida no se pagan con dinero. Sin embargo, nos empeñamos en acumular objetos (desde ropa a papeles) que nos hacen la vida más complicada. No los usamos, pero tampoco queremos tirarlos. No queremos desprendernos de ellos y, poco a poco, se van comiendo todos los rincones de nuestro hogar e influyendo en nuestro estado de ánimo: se convierten en una especie de barrera psicológica entre nosotros y el mundo. ¿Cómo empezar a evitarlo? Es muy simple: no introduzcas nada nuevo en tu casa sin haber tirado otra cosa. Respeta escrupulosamente este intercambio, oxigena el espacio y ya verás qué bien.

4- No discutas. O sí.

Estamos ante un punto peliagudo, ya que partimos de la base de que discutir es negativo y que incluso puede llegar a afectar a nuestra salud. De hecho, un estudio publicado en 2014 por la revista Health Psychology afirma que las discusiones, especialmente las que se producen con nuestros familiares, amigos cercanos o pareja, influyen negativamente en nuestra salud cardiovascular y provocan hipertensión y otros desórdenes. El argumento es concluyente, pero podríamos decir que solo las personas aficionadas a discutir por encima de sus posibilidades deberían hacerle caso, ya que existen otras personas cuyo principal problema en la vida, y la causa de todos sus males físicos y emocionales, radica, precisamente, en no discutir.

Esas posiciones enfrentadas demuestran la complejidad del género humano, y la psicología parece ponerse de acuerdo en que lo conveniente es, al fin, aplicar al asunto de discutir ese bien escaso llamado sentido común: si tenemos tendencia a ponernos como un basilisco, conviene respirar antes de actuar impulsivamente y creernos con la verdad absoluta sobre cualquier cosa; si, por el contrario, somos de agachar la cabeza, es conveniente que aprendamos a discutir, siempre que sea de forma constructiva y asertiva, sin faltar al respeto y dejando claro cuál es nuestro posicionamiento y emociones. En este caso, la ciencia parece tenerlo claro: solo las parejas que discuten sobreviven. Lo dice un estudio del Gottman Institute de 2015: las parejas que discuten con frecuencia tienen una relación más sana y fuerte. Se trata, y eso es lo complicado, de saber hacerlo.

5- Haz al menos una cosa que te guste tú… tú solo

Busca un hueco en la semana para hacer algo que te guste tú solo. Es una buena manera de encotrarte contigo mismo en paz tras la vorágine de imputs y retomar cosas que te gustaban y que dejaste atrás sin saber exactamente por qué. Clases de flamenco, pintar, meditar, ir en bici, escribir, restaurar muebles… lo que sea. Concédete ese espacio y tu mente te lo agradecerá.

6- ¡Bebe (buen) vino!

Ampliar tus conocimientos sobre vino siempre es una buena idea, y más si aún eres de esos que se corta cuando entra a una tienda por temor a la irrupción de una terminología extrañísima e incomprensible por parte del vendedor. Por fortuna, este mundo hasta ahora elitista se está popularizando, el lenguaje se está simplificando y los grandes vinos están deseosos de encontrarse con los paladares menos iniciados pero no por ello menos exigentes. ¿Y si ese todo ese tiempo que ganas gracias al punto 2 lo dedicas a bajar a esa vinatería de debajo de tu casa y probar una copita de vino? Dájate querer, prueba, opina y, sobre todo, disfruta. ¿No es eso mejor que vivir pegado al móvil?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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